El suicida

ATDRIEL

Poeta asiduo al portal
El cadáver yacía en la sala ensangrentado. Fue una noche trágica. El día anterior se levantó muy temprano por la mañana. Mientras tomaba su desayuno recibió una llamada: “Si no lo haces tú lo hago yo”, fue el mensaje escueto y amenazador que escucho. Entonces, se puso a revisar y limpiar su revólver. Durante el día dicho mensaje lo tuvo ansioso e impaciente. Se acercaba la noche y tenía que hacerlo. O era él o era aquel. Estaba solo en la casa y no habría testigos. “Tienes que hacerlo o ya sabes…”, fue el segundo mensaje que recibió por el teléfono. Eran como las once de la noche y sonó el timbre de la casa. Sabía que venían por él. De pie en la sala y sudando frío, con el revólver en la mano, se lo puso en la cien y disparo. El timbre de la casa dejó de sonar si saberse quién era.
 
El cadáver yacía en la sala ensangrentado. Fue una noche trágica. El día anterior se levantó muy temprano por la mañana. Mientras tomaba su desayuno recibió una llamada: “Si no lo haces tú lo hago yo”, fue el mensaje escueto y amenazador que escucho. Entonces, se puso a revisar y limpiar su revólver. Durante el día dicho mensaje lo tuvo ansioso e impaciente. Se acercaba la noche y tenía que hacerlo. O era él o era aquel. Estaba solo en la casa y no habría testigos. “Tienes que hacerlo o ya sabes…”, fue el segundo mensaje que recibió por el teléfono. Eran como las once de la noche y sonó el timbre de la casa. Sabía que venían por él. De pie en la sala y sudando frío, con el revólver en la mano, se lo puso en la cien y disparo. El timbre de la casa dejó de sonar si saberse quién era.
Abrumado por la intensidad y viendose en peligro decidio la máxima.
me ha gustado mucho la ambientacion de la obra. saludos amables de
luzyabsenta
 
El cadáver yacía en la sala ensangrentado. Fue una noche trágica. El día anterior se levantó muy temprano por la mañana. Mientras tomaba su desayuno recibió una llamada: “Si no lo haces tú lo hago yo”, fue el mensaje escueto y amenazador que escucho. Entonces, se puso a revisar y limpiar su revólver. Durante el día dicho mensaje lo tuvo ansioso e impaciente. Se acercaba la noche y tenía que hacerlo. O era él o era aquel. Estaba solo en la casa y no habría testigos. “Tienes que hacerlo o ya sabes…”, fue el segundo mensaje que recibió por el teléfono. Eran como las once de la noche y sonó el timbre de la casa. Sabía que venían por él. De pie en la sala y sudando frío, con el revólver en la mano, se lo puso en la cien y disparo. El timbre de la casa dejó de sonar si saberse quién era.
El que tocaba el timbre salió en picada. Me gustó la microprosa. Saludos.
 

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