"Interesante asunto el del narcisismo del genio, estimado Pepe. Cortázar dijo alguna vez que ser genio es «elegirse genio y acertar». Ese momento de elegirse genio exige cierta dosis de narcisismo, seguramente. En el caso que me ocupa, el de Miguel Hernández, el narcisismo no parece haber sido una componente esencial, aunque en esta primera época en que estuvo a solas con su vocación algo debe haber habido de eso. Más que admiración en verdad se necesita valoración, pero esta valoración debe provenir de alguna autoridad o ser social. Hernández recurrió a Lorca en ese primer momento, Lorca le respondió amablemente pero no creo que haya sido suficiente para sostenerlo. Recién en 1935, ya en Madrid y entre sus pares, puede desplegar tranquilamente las alas."
"Pero mi pregunta acá es sobre el período anterior: a los veinte años Miguel Hernández, el pastor en Orihuela, domina completamente los recursos técnicos de la poesía clásica, aunque su poesía sea pobre en otros aspectos; ¿cómo adquirió ese dominio, qué convicción lo alentó al estudio en condiciones tan difíciles? Una vocación descomunal, y seguramente algo de narcisismo..."
gracias y abrazo
Jorge
Cierto es, y estaba en ello ahora mismo que para entender del todo tu poema, yo no había leído el anterior (Vocación 1) .
De Miguel Hernández (creo que ya te dije que era mi autor favorito o de cabecera) cabe decir que su interés por la lectura le obligaba a leer mientras el ganado pastaba. También aprovechaba las noches para poder hacerlo. Pero Miguel mozalbete aún, al parecer “mas listo que el hambre”, se hizo amigo del canónigo Luis Almarcha Hernández, (al que tú mencionas en un comentario primero) vicario general de la diócesis de Orihuela, que puso a disposición del joven y futuro poeta su amplia biblioteca y le prestó libros de San Juan de la Cruz, Gabriel Miró, Paul Verlaine, Virgilio, entre otros muchos autores. También leía a otros escritores diferentes, como Baudelaire, Bécquer, Espronceda, en la biblioteca del “Círculo de las Artes de Orihuela”, junto a los tomos que le proporcionaba su amigo desde la infancia, José María Gutiérrez, que, años después, adoptaría el seudónimo de “Ramón Sijé”, convirtieron a Miguel en un autodidacta, pero muy leído, que compartía su trabajo de pastor con las lecturas, y que formó un grupo literario en la tahona de su amigo Carlos Fenoll, donde asistían, entre otros, el propio Carlos Fenoll y su hermano Efrén, Manuel Molina, Miguel Hernández, Ramón Sijé…
Compró en 1931, una máquina de escribir de segunda mano, portátil, cuyo precio fue de 300 pesetas, que fue pagando poco a poco, según podía a su amigo Belda, máquina en la que redactó los poemas de su primer poemario “Perito en Lunas».
En 1933 se publicó “Perito en Lunas”, que sufragó el citado clérigo amigo, Almarcha, pagando de su bolsillo las 425 pesetas que costó la edición de 300 ejemplares, que imprimió la editorial murciana “La Verdad”.
Sus verdaderos amigos: Sijé, Cossío, Aleixandre y Neruda...
Perdona Jorge la extensión... me pongo a hablar de Miguel Hernández y....
Un abrazo,
Pepe