Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
El pan de los pobres era un beso en sus labios,
el sermón de la montaña, un saludo,
la civilización era verla lanzar los dados
y la llegada a la Luna, un estornudo.
El descubrimiento de América era desabrochar sus botones,
la cultura, oírla cantar por las mañanas,
el Ministerio de Deportes tuvo sede en sus rincones
y sudaba con ella proclamando sus hazañas.
El paganismo la tuvo de diosa a tiempo completo,
el cinturón de Orión dormía en sus rodillas,
el fuego se descubría en su esqueleto
una noche mientras sus dedos me hacían cosquillas.
La escritura fue inventada en sus ojos,
los viajes de Colón anduvieron su geografía,
y se veía bella como esos antiguos tesoros
de los que se presume toda la vida.
La última tentación era un cruce de sus piernas,
la fruta prohibida, una almohada en su escote,
el diluvio la mojaba para andar sus caderas
y ninguna Dulcinea enamoraba al Quijote.
La magia era una sonrisa con la ventana abierta,
la romería una excusa para zafar sus zapatos,
los cuentos de hadas eran un sueño de Cenicienta
y el punto final, verla desnudarse despacio.
el sermón de la montaña, un saludo,
la civilización era verla lanzar los dados
y la llegada a la Luna, un estornudo.
El descubrimiento de América era desabrochar sus botones,
la cultura, oírla cantar por las mañanas,
el Ministerio de Deportes tuvo sede en sus rincones
y sudaba con ella proclamando sus hazañas.
El paganismo la tuvo de diosa a tiempo completo,
el cinturón de Orión dormía en sus rodillas,
el fuego se descubría en su esqueleto
una noche mientras sus dedos me hacían cosquillas.
La escritura fue inventada en sus ojos,
los viajes de Colón anduvieron su geografía,
y se veía bella como esos antiguos tesoros
de los que se presume toda la vida.
La última tentación era un cruce de sus piernas,
la fruta prohibida, una almohada en su escote,
el diluvio la mojaba para andar sus caderas
y ninguna Dulcinea enamoraba al Quijote.
La magia era una sonrisa con la ventana abierta,
la romería una excusa para zafar sus zapatos,
los cuentos de hadas eran un sueño de Cenicienta
y el punto final, verla desnudarse despacio.