Minona
Poeta fiel al portal
Camino a por la avenida que besa el mar
con la pasión del primer amor
y, sin embargo,, han envejecido juntos,
los puestos de flores y las gaviotas.
Los árboles siguen ahí,
milagro de la paciencia,
con sus robustos brazos
alargados hacia los edificios
que me contemplan.
Tu también estuviste aquí, conmigo,
caminabas sin mirar atrás,
envuelta en una capa
de historias y desafíos.
Tu me llevabas, luego yo,
con mis pies aún pequeños,
vagaba entre los barriles
preñados de risa y estrellas,
persiguiendo ratones
que merendaban vino dulce.
Tu, mientras te envolvías en noche.
Cuando llovía solía correr debajo de tu falda
al ritmo de tus piernas largas.
La calle mojada, resbaladiza,
reflejo de miradas.
Anduve por esta avenida entonces,
igual que ahora, adivinando las olas,
esta avenida que también me observa
desde un rincón de mi memoria,
de pasos torpes,
de bombillas amarillas,
de aquella ventana
donde un bebé reía los cuentos
que unos hombres alegres le contaban.
“Poema dedicado a mi madre, mujer singular, que me llevaba cuando era bebé a esta típica tasca, se iba al mercado y me dejaba en un capazo en la ventana . Los camareros me cuidaban. “
con la pasión del primer amor
y, sin embargo,, han envejecido juntos,
los puestos de flores y las gaviotas.
Los árboles siguen ahí,
milagro de la paciencia,
con sus robustos brazos
alargados hacia los edificios
que me contemplan.
Tu también estuviste aquí, conmigo,
caminabas sin mirar atrás,
envuelta en una capa
de historias y desafíos.
Tu me llevabas, luego yo,
con mis pies aún pequeños,
vagaba entre los barriles
preñados de risa y estrellas,
persiguiendo ratones
que merendaban vino dulce.
Tu, mientras te envolvías en noche.
Cuando llovía solía correr debajo de tu falda
al ritmo de tus piernas largas.
La calle mojada, resbaladiza,
reflejo de miradas.
Anduve por esta avenida entonces,
igual que ahora, adivinando las olas,
esta avenida que también me observa
desde un rincón de mi memoria,
de pasos torpes,
de bombillas amarillas,
de aquella ventana
donde un bebé reía los cuentos
que unos hombres alegres le contaban.
“Poema dedicado a mi madre, mujer singular, que me llevaba cuando era bebé a esta típica tasca, se iba al mercado y me dejaba en un capazo en la ventana . Los camareros me cuidaban. “