Luis Libra
Atención: poeta en obras
Pendiente... acantilado... décimas de segundo... coño... ¿A QUÉ VELOCIDAD IBA?
Deprisita, no había radares...
Follow along with the video below to see how to install our site as a web app on your home screen.
Nota: Es posible que esta función no esté disponible en algunos navegadores.
Pendiente... acantilado... décimas de segundo... coño... ¿A QUÉ VELOCIDAD IBA?
buen poema Luis... me trae en recuerdo a un poema que hace tiempo deje aunque, tal vez, con un coctel más fumanchero; como decimos por estos pagos. Casualidad que terminan ambas letras en el acantilado; pero que casualidad ni nada... si en este mundo todos vamos pá ahí sin más o menos cambios o sobresaltos.Abrazo, amigo.
Autopista "Paraíso"
Yo siempre dije
que la vida es como una autopista que conecta a varios caminos.
El problema se encuentra en que no todos los caminos
están señalados con un cartel luminoso ( y algunos por más que lo estén,
somos tan ciegos que para nosotros son invisibles)
y cuando nos damos cuenta que pasamos algún destino de estos,
intenta tú dar la vuelta y retomarlo sin hacer un desastre.
Así andamos acumulando caminos que no transitamos,
atajos en la noche
que conducen a bares de mala muerte
(insomnio demasiado borracho y putas que son sólo la ilusión
de una sonrisa orgásmica en el espejo).
Tampoco hay que olvidarse de los malditos peajes;
esos que pagamos con creces (seguramente;
las cuotas más altas son las de los miserables nostálgicos,
los soñadores que se creen pájaros libres y se echan a volar
para estrellarse en los parabrisas). Sé lo que estoy diciendo,
yo fui uno de esos pajarracos encandilado por los faroles
de una morocha que conducía de contramano.
La caída siempre es dolorosa y la experiencia,
la experiencia es sólo una repetitiva historia de cómo ser un idiota
para cada vez caer más hondo.
Y luego, un día/noche, nos remojamos de más en ginebra,
sacamos del viejo saco las pastillas
y hartos de manejar a ningún sitio detenemos el auto para
lanzarnos del puente.
Sin duda, no es lo mejor que tenemos, pero es nuestro paraíso que pagamos
y por derecho nadie nos lo puede quitar.
Ya subiré un poema al foro de cuando me daba por escribir conduciendo, caro. Xxxx
Mejor mamíferos, pero sí, estoy completamente de acuerdo contigo. Y bueno, a mí me encanta conducir, aunque ahora con los exagerados límites de velocidad y el precio de la gasolina, un poco menos
. Abrazo, amiga.
Mejor mamíferos, claro. Quería aludir al concepto "cachorro".
No sé si las recordaras, son de 2020. Algo corregidas, o no, je.
-Todos los mamíferos en mí-
Más o menos
humana…
Por naturaleza;
cachorra,
al primer alba.
Todos los mamíferos en mí,
más el bicho que tú,
o tú
(en variedad),
queráis añadir.
Piedra
sobre piedras
no dañan cantera.
jeje. Gracias Luis.
Un abrazo. Grande
Jo, le puse punto al año, no tengo perdón de dios, jaja
A los once, el buen hombre de mi padre me enseñó a conducir en un Datsun 79, una cafetera color rojo que se ponía a mil tan solo con presentir el terror que me daba confundir los pedales. Desde entonces no era raro que sonara el teléfono a media noche con mi viejo al otro lado del hilo: Hijo, ven por mí, ya van a cerrar la cantina y estoy muy pedo. Años después, mis hermanos menores se fueron ocupando de esta ingrata tarea: iban donde mi padre, conseguían más pisto y todos regresaban a casa tan felices como si hubieran ido a la luna por tequila. Todos ellos alguna vez se han volcado, se han estrellado contra vehículos estacionados por esquivar una bolsa con pañales cagados que parecía un inocente perrito. Y han sobrevivido los muy cabrones, y eso que son ateos. Es más, son conductores de maquinaria pesada. Yo regento un restaurante, escribo malos versos y nunca más he vuelto a conducir. No por miedo a los acantilados, sino por la necesidad que algunos sienten de encontrarse con ellos y hundir la pata...`
Conducir es fácil (en teoría)
Solo tienes que saber manejar
una bonita y obediente máquina
con ruedas y cómodos asientos de cuero
o polipiel en su interior.
Girar el volante hacia donde quieras ir.
Como un rey en su trono móvil
con cien purasangres de acero a sus órdenes
frenar o acelerar según la necesidad
o el deseo del momento.
Pero lo más importante es la visión global.
Visión global significa poder
predecir los potenciales sucesos del entorno.
Ver más allá de tus narices,
lo que ocurre en el espacio-tiempo
cercano desde tu inmediata posición.
Es decir,
analizar el conjunto de lo que acontece
en todo el radio de visión que te permitan tus ojos,
(si aquel coche que circula 300 metros por delante
de ti hace una maniobra extraña
que súbitamente produjera
un efecto mariposa entre conductores)
y así evitar futuros sobresaltos.
Aunque esto no siempre funciona,
pues resulta que cualquier vicisitud
o desliz fortuitos
podrían acabar repercutiendo drásticamente
en tu cómoda y prevista ruta,
obligándote a salirte
de tu zona de seguridad y confort;
a tener que improvisar,
y tomar la decisión -en unas décimas de segundo-
de si en plena vorágine automovilística
atropellarías a ese ángel despistado,
o por esquivarle te tirarías a la pendiente
sin garantías de que alguna divinidad
apreciará tu heroico gesto
y abogará por ti cuando lo necesites.
Da igual, mi amigo conductor, no te rayes:
en realidad sus señorías cósmicas,
el puto acantilado y tú
ya sabéis (o intuís) de sobra la respuesta.
_______
A los once, el buen hombre de mi padre me enseñó a conducir en un Datsun 79, una cafetera color rojo que se ponía a mil tan solo con presentir el terror que me daba confundir los pedales. Desde entonces no era raro que sonara el teléfono a media noche con mi viejo al otro lado del hilo: Hijo, ven por mí, ya van a cerrar la cantina y estoy muy pedo. Años después, mis hermanos menores se fueron ocupando de esta ingrata tarea: iban donde mi padre, conseguían más pisto y todos regresaban a casa tan felices como si hubieran ido a la luna por tequila. Todos ellos alguna vez se han volcado, se han estrellado contra vehículos estacionados por esquivar una bolsa con pañales cagados que parecía un inocente perrito. Y han sobrevivido los muy cabrones, y eso que son ateos. Es más, son conductores de maquinaria pesada. Yo regento un restaurante, escribo malos versos y nunca más he vuelto a conducir. No por miedo a los acantilados, sino por la necesidad que algunos sienten de encontrarse con ellos y hundir la pata...
Gracias por justificar en algo mi mayor fobia, carnalito Luis. Mis amigos suelen decir que al menos puedo estar disponible para una emergencia, y les respondo: Mejor llamen a una ambulancia, porque si yo los llevo, no van a llegar vivos al hospital. Es más, no van a llegar siquiera.
MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.
✦ Hazte MecenasSin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español