Luciana Rubio
Poeta veterano en el portal
Regreso al trabajo presencial.
Un vigilante verifica mi temperatura,
tapabocas y gel en las manos.
Llego al estacionamiento y está atascado.
Me estaciono en el lugar designado a los minusválidos.
Para justificar tal hecho, saco mi bastón.
Llevo el proyector y la lap-top
en una maleta con rueditas.
Al subir las escaleras, un alumno
me ayuda con la maleta.
(Siempre los desconocidos
son más amables)
Llego a mi cubículo, estoy agotada.
Se aparece un compañero que,
la última vez que vino a verme
hizo énfasis en que mi hija estaba muerta.
¡Desgraciado, fue como si hubiera venido a clavarme un puñal!.
Intenta entrar hasta donde estoy y le digo:
-A metro y medio, por favor,
es el protocolo establecido
por la Universidad-
Él, entonces, acusa un comportamiento inseguro.
No halla que decir y finalmente…
-yo venía a darte un abrazo-
Me quedé pensando: -¿de cuándo a acá?-
Guardé silencio y me quedé esperando pero,
-bueno, adiós-
me dijo y se fue.
Cinco minutos después, llegó Ángel,
compañero de toda la vida.
Igual le digo:
-a metro y medio-,
Me sonríe y me entrega una copia
de su libro de Mecánica.
Yo no doy esa clase pero, se lo agradezco.
Yo, ya me he levantado y estoy
por retirarme para ir a dar clase,
cuando llega el jefe…
Pienso:- Alguien me está disparando visitas
a razón de un imbécil cada 5 minutos.
Le digo igual:
-a metro y medio de distancia-
Me mira con ojos de puñal,
no sonríe y me dice:
- Ah, sí, con escudo y espada desenfundada-
Le sigo la broma y le digo:
- como un samurai.
Me dice entonces:
-no creas que yo no vengo para nada.
Yo quería un grupo presencial, pero no había,
por eso doy clases por zoom-
El jefe, me da explicaciones a mí de lo que él hace,
como si yo fuera el jefe.
Le digo:
- ya me voy, saludos a Ruth y a tus hijas-
A tres años de estar lejos de ellos,
se me ha fortalecido el ánimo.
En la última reunión que tuve con Ángel,
para diseñar un examen de quinta oportunidad, me gritó:
- ¡Corrupta!-
Así, sin ton ni son, sin justificación,
solo era para obligarme a cambiar el formato del examen.
Es con gritos, insultos, ojos de pistola,
que quieren controlarme.
Tan fácil que sería que dieran razones.
Creo que es lo que esos doctores no saben: Argumentar.
En sus artículos de investigación
nunca presentan la hipótesis de trabajo,
para ellos el Método Científico es cosa del siglo XVII.
Se estrellan conmigo.
Eso es lo que no me perdonan.
Quieren hacer funcionar
el modelo de la mujer
estúpida, sumisa,
agradable y colaborativa.
¿Agradable?
no me sale natural,
yo no encajo,
soy crítica y eso les duele.
Un vigilante verifica mi temperatura,
tapabocas y gel en las manos.
Llego al estacionamiento y está atascado.
Me estaciono en el lugar designado a los minusválidos.
Para justificar tal hecho, saco mi bastón.
Llevo el proyector y la lap-top
en una maleta con rueditas.
Al subir las escaleras, un alumno
me ayuda con la maleta.
(Siempre los desconocidos
son más amables)
Llego a mi cubículo, estoy agotada.
Se aparece un compañero que,
la última vez que vino a verme
hizo énfasis en que mi hija estaba muerta.
¡Desgraciado, fue como si hubiera venido a clavarme un puñal!.
Intenta entrar hasta donde estoy y le digo:
-A metro y medio, por favor,
es el protocolo establecido
por la Universidad-
Él, entonces, acusa un comportamiento inseguro.
No halla que decir y finalmente…
-yo venía a darte un abrazo-
Me quedé pensando: -¿de cuándo a acá?-
Guardé silencio y me quedé esperando pero,
-bueno, adiós-
me dijo y se fue.
Cinco minutos después, llegó Ángel,
compañero de toda la vida.
Igual le digo:
-a metro y medio-,
Me sonríe y me entrega una copia
de su libro de Mecánica.
Yo no doy esa clase pero, se lo agradezco.
Yo, ya me he levantado y estoy
por retirarme para ir a dar clase,
cuando llega el jefe…
Pienso:- Alguien me está disparando visitas
a razón de un imbécil cada 5 minutos.
Le digo igual:
-a metro y medio de distancia-
Me mira con ojos de puñal,
no sonríe y me dice:
- Ah, sí, con escudo y espada desenfundada-
Le sigo la broma y le digo:
- como un samurai.
Me dice entonces:
-no creas que yo no vengo para nada.
Yo quería un grupo presencial, pero no había,
por eso doy clases por zoom-
El jefe, me da explicaciones a mí de lo que él hace,
como si yo fuera el jefe.
Le digo:
- ya me voy, saludos a Ruth y a tus hijas-
A tres años de estar lejos de ellos,
se me ha fortalecido el ánimo.
En la última reunión que tuve con Ángel,
para diseñar un examen de quinta oportunidad, me gritó:
- ¡Corrupta!-
Así, sin ton ni son, sin justificación,
solo era para obligarme a cambiar el formato del examen.
Es con gritos, insultos, ojos de pistola,
que quieren controlarme.
Tan fácil que sería que dieran razones.
Creo que es lo que esos doctores no saben: Argumentar.
En sus artículos de investigación
nunca presentan la hipótesis de trabajo,
para ellos el Método Científico es cosa del siglo XVII.
Se estrellan conmigo.
Eso es lo que no me perdonan.
Quieren hacer funcionar
el modelo de la mujer
estúpida, sumisa,
agradable y colaborativa.
¿Agradable?
no me sale natural,
yo no encajo,
soy crítica y eso les duele.
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