La caza.

Hotarubi

Poeta recién llegado
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El cielo parecía extenderse hasta la orilla, reposando su cabeza en la arena.
Sus pulmones se llenaban de agua salada, mientras que los cabellos, formando ondas, acababan enredados entre los pies de algún enamorado que paseaba por la noche.
Toda la idea del mundo se desvanecía, en el parpadeo del faro. Su luz, dejándose caer por el agua, santificaba el instante, creando esa inocencia que se cree capaz de tener todo, de ser dueño de sus actos.
Entre esa quietud, una barca reposaba cerca del foco, donde un pescador se alzaba y se descolgaba con el movimiento de las olas. Fiero, arrastraba la red, dejando a salvo su presa.

Bastó un segundo, quizá menos, una medida de tiempo incontable, para que su mirada se acostumbrara a lo invisible y pudiera observar, que entre escamas y algas, unos mechones negros estaban revueltos.
Alarmado, tembloroso, se fue acercando, ¡Había un cuerpo!
Pero no, no era uno muerto, pues sorprendentemente, aquello empezó a incorporarse dejando entrever la figura de una mujer envuelta en un kimono de seda azul.
Parecía frágil, pero no lo era, y así la misericordia se descalzó para pisar la cabeza de la serpiente.

Ella le miraba desde arriba, ajena al sufrimiento...¿En qué momento nos separamos de la vida? Quizá, cuando nos dejamos llevar, cuando nos entregamos al vacío de unos ojos. Tal como hizo el pobre hombre, que se tiró a las pupilas del abismo. Anestesiado por la belleza, le hacía olvidar la soledad y el se convirtió en ello.

Cuando el amanecer separó el cielo del mar, la barca había quedado desterrada en el muelle del pueblo. El cazador había sido cazado.
 
primero que nada, la imagen que acompaña tu escrito es bella.....hay tantas cosas en vez de corazón.

qué gusto evocar esas imágenes que sublevan a otras.

Ha sido un placer leerte poeta.
saludos.
 
Última edición:
Las coincidencias se dan cuando menos se esperan.
¿Qué tanto esperaba capturar el pescador?
¿Qué tanto esperaba que llegara Yao Bikuni, o alguna yôkai similar?

Las cosas no siempre resultan como se esperan, y peor cuando lo inesperado es la espera ajena.
Lo improbable, aún siendo real mientras sucede, siendo pareciendo una farsa.

¿Hasta qué gota de sangre se prolonga el último estertor?
Es tanto el cúmulo de sensaciones y miedos, que la muerte aparece antes de morir de verdad... morir de pavor.... bajo la bruma de una noche tranquila.
 
primero que nada, la imagen que acompaña tu escrito es bella.....hay tantas cosas en vez de corazón.

qué gusto evocar esas imágenes que sublevan a otras.

Ha sido un placer leerte poeta.
saludos.

Gracias Sasha, la imagen la hice pensando que el corazón es como una mirada hacia todos los sentidos, un mirar hacia todos los tiempos y ahí, está el misterio de cada uno. La chica se abre al mundo, se entrega sin miedos, por eso se desgarra la piel descubriendo su interior. La verdadera desnudez. Y así, el poema es un misterio, esa chica de kimono azul es lo quiera visualizar cada uno.

La naturaleza carece de moral.

Totalmente de acuerdo Gustavo, o quizá morales diferentes a las impuestas. Todo no es lo que nos enseñan.

Las coincidencias se dan cuando menos se esperan.
¿Qué tanto esperaba capturar el pescador?
¿Qué tanto esperaba que llegara Yao Bikuni, o alguna yôkai similar?

Las cosas no siempre resultan como se esperan, y peor cuando lo inesperado es la espera ajena.
Lo improbable, aún siendo real mientras sucede, siendo pareciendo una farsa.

¿Hasta qué gota de sangre se prolonga el último estertor?
Es tanto el cúmulo de sensaciones y miedos, que la muerte aparece antes de morir de verdad... morir de pavor.... bajo la bruma de una noche tranquila.

Es un relato, que es la introducción de una historia. Estoy trabajando en ella. Todo se irá aclarando conforme avance, aunque claro, siempre desde la ambigüedad, me gusta que el lector sea participe e imagine lo que quiera. Por eso como por ejemplo el final de la obra de Mishima, el marino que perdió la gracia del mar, juega con la decencia (o no) del que lee.
Todas esas preguntas te las debes responder tu mismo, como si tú fueras ese pescador, como si el yuurei fuese otra parte de ti.
A veces se muere también por elección propia.
Gracias dragon.
 
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