Hotarubi
Poeta recién llegado
Somos espectadores de la
autoscopia que se pierde en las espirales
del pan dorado que visten el cuadro de Klimt,
entrelazamiento de capas, de formas,
ajenos al tiempo y la realidad.
Dilación del suavium que se enreda
como hilos de cristal que limita los espíritus,
donde la espera de una araña tejedora
te hace presa del prístino deseo.
¿Me dejas entrar? Preguntaría en el
dintel de la puerta de tu aurícula,
pisando descalza la ecolalia
de tu nombre que muerde el bermellón.
Doce músculos del rostro
se tersan fonéticamente, el basium.
Son mis labios rojos que se encarnan
en las flores de Momo vascularizadas
como la pulpa de fruta recién recogida.
Toma el ósculo dicho, entreabierto,
mientras su jugo se mezcla en el dorso
de tu lengua fantasmagórica.
Vivo dispersa en el candilazo
omnipresente de la comisura de tu boca,
como una vértebra del sueño que callas.
Mi mirada será la sinalefa de nuestros cuerpos
donde rotaré la columna del tiempo
Y allí, en la hiperextensión de una promesa,
Te besaré.