Ya vas,
liberada tu alma
a la mar de los ensueños.
Ya lejos,
de esos ciegos senderos,
marchitos,
calcinados.
Se colgaron del cielo
los húmedos quebrantos.
Y llovió largo
y triste.
Y llovió lento,
amargo.
Las alas de un volcán
en pleno advenimiento
agrietaron el suelo,
y en la sombra una pluma
se abrazó con el alma.
Y llegaste, gloriosa!
Y hay un verso
en la mar de este silencio.
Hay un barco.
Hay un puerto.
Princesa del exilio.
Marinera y momento.
La noche canta
tu luz y tu misterio.
Y amanece una aurora.
Y amanece un comienzo.
Hay un volcán en el reloj.
Hay una pena en el desierto.
Y hay unos pasos,
lentos,
que en cada verbo nacen,
mientras el retorno anida
en el alma del encuentro.
Liberadas las almas.
Las piedras del destierro.
liberada tu alma
a la mar de los ensueños.
Ya lejos,
de esos ciegos senderos,
marchitos,
calcinados.
Se colgaron del cielo
los húmedos quebrantos.
Y llovió largo
y triste.
Y llovió lento,
amargo.
Las alas de un volcán
en pleno advenimiento
agrietaron el suelo,
y en la sombra una pluma
se abrazó con el alma.
Y llegaste, gloriosa!
Y hay un verso
en la mar de este silencio.
Hay un barco.
Hay un puerto.
Princesa del exilio.
Marinera y momento.
La noche canta
tu luz y tu misterio.
Y amanece una aurora.
Y amanece un comienzo.
Hay un volcán en el reloj.
Hay una pena en el desierto.
Y hay unos pasos,
lentos,
que en cada verbo nacen,
mientras el retorno anida
en el alma del encuentro.
Liberadas las almas.
Las piedras del destierro.
Última edición: