La ducha

penabad57

Poeta veterano en el portal
¡Oh! qué carnaval del agua, ciempiés líquido
que fluye por la lisa quietud de la carne.
Un rumor leve acompaña a la caída,
una tempestad de lluvia sobre mis hombros,
un diluvio que riega los cabellos con gotas
de vendaval, cascada inmensa, vaporosa, cardumen
de moléculas que se vierten en un acto de amor.
Humedece mi piel rosada, limpia la podredumbre
del día, las ideas que se enquistaron en mi voz.
Acojo la bendición de este manantial efímero
sobre mi desnudez, y canto, y susurro un abecedario
impoluto, después del rito siento cómo mi yo revive.
 
Última edición:
¡Oh! qué carnaval del agua, ciempiés líquido
que fluye por la lisa quietud de la carne.
Un rumor leve acompaña a la caída,
una canción de lluvia sobre mis hombros,
un diluvio que riega los cabellos con gotas
de lago, cascada inmensa, vaporosa, cardumen
de moléculas que se vierten en un acto de amor.
Humedece mi piel rosada, limpia la podredumbre
del día, las ideas que se enquistaron en mi voz.
Acojo la bendición de este manantial efímero
sobre mi desnudez, y canto, y susurro un abecedario
impoluto, después del rito siento cómo mi yo revive.
Grato leer vuestro poema y ese canto a la renovación con interesantes imágenes descritas , mis saludos cordiales
 
¡Oh! qué carnaval del agua, ciempiés líquido
que fluye por la lisa quietud de la carne.
Un rumor leve acompaña a la caída,
una tempestad de lluvia sobre mis hombros,
un diluvio que riega los cabellos con gotas
de vendaval, cascada inmensa, vaporosa, cardumen
de moléculas que se vierten en un acto de amor.
Humedece mi piel rosada, limpia la podredumbre
del día, las ideas que se enquistaron en mi voz.
Acojo la bendición de este manantial efímero
sobre mi desnudez, y canto, y susurro un abecedario
impoluto, después del rito siento cómo mi yo revive.

Por temas como este siempre te digo que estás en el alma de las cosas.
Saber definir con arte, de eso de trata.
Y la ducha sí que es esa magia que se lleva todo lo malo que pueda tener el día.
Me encantó.
Un abrazo.
 
¡Oh! qué carnaval del agua, ciempiés líquido
que fluye por la lisa quietud de la carne.
Un rumor leve acompaña a la caída,
una tempestad de lluvia sobre mis hombros,
un diluvio que riega los cabellos con gotas
de vendaval, cascada inmensa, vaporosa, cardumen
de moléculas que se vierten en un acto de amor.
Humedece mi piel rosada, limpia la podredumbre
del día, las ideas que se enquistaron en mi voz.
Acojo la bendición de este manantial efímero
sobre mi desnudez, y canto, y susurro un abecedario
impoluto, después del rito siento cómo mi yo revive.
Y no cantas en la ducha?. Un abrazo poeta
 

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