Luciana Rubio
Poeta veterano en el portal
Llorar para lavar el alma herida,
para quitarle aquello que la aqueja,
para dejarla limpia y ya sin queja,
para verla luciente y colorida.
Llorar y sin pensar, es la salida
para tener el alma sin madeja
de ese tan mal sentir que siempre deja
al ánima en rencores retorcida.
Llorar para mirar todo más claro,
para evaluar mejor el cruel destino
y al dolor darle justa su medida.
Llorar y más llorar porque no es raro
que aún exista un niño que con tino
emerge desde el fondo a nuestra vida.