Ayax
Poeta que considera el portal su segunda casa
Nuestras lenguas cual lúdicas serpientes
juguetean con mutuo frenesí:
ansiosas se deslizan entre sí,
e intercambian sus cálidos relentes.
En mi boca, tu dulce lengua, sientes,
ser febril y punzante colibrí
que sacia, en sicalíptico alhelí,
la sed de las pasiones más vehementes.
Del amor, las serpientes, sin premura,
degustan el primero de sus actos:
en su juego de lúbricos contactos
se impregnan de deseo sin mesura;
aunque a veces trocitos de ternura
suavizan el ardor de los impactos.
juguetean con mutuo frenesí:
ansiosas se deslizan entre sí,
e intercambian sus cálidos relentes.
En mi boca, tu dulce lengua, sientes,
ser febril y punzante colibrí
que sacia, en sicalíptico alhelí,
la sed de las pasiones más vehementes.
Del amor, las serpientes, sin premura,
degustan el primero de sus actos:
en su juego de lúbricos contactos
se impregnan de deseo sin mesura;
aunque a veces trocitos de ternura
suavizan el ardor de los impactos.
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