Évano
Libre, sin dioses.
.
Vas viendo a gordas en patinetes eléctricos
volar por el paseo peatonal de tu puto barrio
y te preguntas por qué cojones
no se parten la cabeza
y el casco en la frutería de la esquina
luego pides otra cerveza en la terraza del bar
mientras los descerebrados
de la mesa de al lado aporrean el dominó
y gritan como enloquecidos lo mismo
que en las cien partidas anteriores.
Y te preguntas qué cojones haces allí
envejeciendo junto a tanto atontao
aguantando el achicharramiento bajo los parasoles
desvencijados de este puto barrio
donde no paran de subir y bajar por el paseo
tipas engrandeciendo a sus mierdas de maridos,
y a sus mierdas de hijos
como si el puto barrio entero no supiera
que sus hijos son inútiles drogatas y sus maridos
puteros y borrachos que nunca han llevado nada a casa
salvo incultura y mal vivir y palos y pobreza.
Y te dices, prueba otra vez, escribe algo
aunque sea el asqueroso panorama de tu puto barrio.
Y entonces, cuando te decides a levantarte
de la silla de la terraza pasa otro montón
de gordas y gordos en patinete eléctrico
con sus móviles en el bolsillo del pantalón
o entre las tetas y el pelo aplastado por los cascos
tan horteras como sus ropas apretadas
que les hacen ser morcillas volando
en putos patinetes eléctricos.
Y decides leer e imitar al Villa
a ver si a ti también te vale desahogarte
escribiendo y describiendo tu puto
tu inmenso puto barrio de mierda.
Vas viendo a gordas en patinetes eléctricos
volar por el paseo peatonal de tu puto barrio
y te preguntas por qué cojones
no se parten la cabeza
y el casco en la frutería de la esquina
luego pides otra cerveza en la terraza del bar
mientras los descerebrados
de la mesa de al lado aporrean el dominó
y gritan como enloquecidos lo mismo
que en las cien partidas anteriores.
Y te preguntas qué cojones haces allí
envejeciendo junto a tanto atontao
aguantando el achicharramiento bajo los parasoles
desvencijados de este puto barrio
donde no paran de subir y bajar por el paseo
tipas engrandeciendo a sus mierdas de maridos,
y a sus mierdas de hijos
como si el puto barrio entero no supiera
que sus hijos son inútiles drogatas y sus maridos
puteros y borrachos que nunca han llevado nada a casa
salvo incultura y mal vivir y palos y pobreza.
Y te dices, prueba otra vez, escribe algo
aunque sea el asqueroso panorama de tu puto barrio.
Y entonces, cuando te decides a levantarte
de la silla de la terraza pasa otro montón
de gordas y gordos en patinete eléctrico
con sus móviles en el bolsillo del pantalón
o entre las tetas y el pelo aplastado por los cascos
tan horteras como sus ropas apretadas
que les hacen ser morcillas volando
en putos patinetes eléctricos.
Y decides leer e imitar al Villa
a ver si a ti también te vale desahogarte
escribiendo y describiendo tu puto
tu inmenso puto barrio de mierda.
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