Ciudad tras ciudad

La Sexorcisto

Lluna V. L.
Ciudad tras ciudad
me construyo
cual arquitecto
que levanta una última piedra,
pero sé que no va a ser
la que de el fin,
porque de inmedato
me derribo
en un nuevo plan urbanístico
de un cuerpo que me es extraño.

Es la escarcha de la mañana
la que vuelve a levantar vigas,
pisos que quieren llegar
directamente al cielo,
ojos que miran lo que quieren ver
si las alcantarillas son necesarias
y el hormigón reemplazado
por huesos de ballenas y elefantes.

Una tras otra
un laberinto de orgasmos insatisfechos,
pues al llegar al destino
en que los ladrillos son carne,
esas manos ya están encofradas
en callejas silenciosas,
ciudad tras ciudad
 
Entre los muros que parecen unirse de modo continuo
entre esquinas que no legan a cortarse
los pasos de las miradas avanzan sin ver
llenado sus oídos del smog de bocinas
mientras los calores son tomados
por el gris del polvo
que se depositan en los divanes
los sitios de suspiros
tantras que nunca necesitaron más manuales
que una imaginación despierta
y mucha curiosidad
con dejos de inocencia.
Pueda tal vez
un errante de rumbos perdidos
hallar un sosiego
para plantar semillas ardientes
en mitad del ruido
del reclamo de otros
que no han sido invitados
pero se creen con derechos
solo porque se suponen perfectos.
Mal llega la noche
matando el día de oportunidades
si es que aún no hay acuerdo sobre el sitio
ya el momento podrá ser cualquiera
donde no existan más dos miradas
entre cuatro ojos,
y tal vez unos espejos de compañía
que multipliquen los cuerpos
aunque igual
la pasión los hace
cerrar para ver con la piel...
 
Entre los muros que parecen unirse de modo continuo
entre esquinas que no legan a cortarse
los pasos de las miradas avanzan sin ver
llenado sus oídos del smog de bocinas
mientras los calores son tomados
por el gris del polvo
que se depositan en los divanes
los sitios de suspiros
tantras que nunca necesitaron más manuales
que una imaginación despierta
y mucha curiosidad
con dejos de inocencia.
Pueda tal vez
un errante de rumbos perdidos
hallar un sosiego
para plantar semillas ardientes
en mitad del ruido
del reclamo de otros
que no han sido invitados
pero se creen con derechos
solo porque se suponen perfectos.
Mal llega la noche
matando el día de oportunidades
si es que aún no hay acuerdo sobre el sitio
ya el momento podrá ser cualquiera
donde no existan más dos miradas
entre cuatro ojos,
y tal vez unos espejos de compañía
que multipliquen los cuerpos
aunque igual
la pasión los hace
cerrar para ver con la piel...

Muy chulo ese poema Oscar. Besis.
 
Ciudad tras ciudad
me construyo
cual arquitecto
que levanta una última piedra,
pero sé que no va a ser
la que de el fin,
porque de inmediato
me derribo
en un nuevo plan urbanístico
de un cuerpo que me es extraño.

Es la escarcha de la mañana
la que vuelve a levantar vigas,
pisos que quieren llegar
directamente al cielo,
ojos que miran lo que quieren ver
si las alcantarillas son necesarias
y el hormigón reemplazado
por huesos de ballenas y elefantes.

Una tras otra
un laberinto de orgasmos insatisfechos,
pues al llegar al destino
en que los ladrillos son carne,
esas manos ya están encofradas
en callejas silenciosas,
ciudad tras ciudad


Una maraña de cemento bloquea venas y cañerías impidiendo el flujo que de vida a las raíces. Hay ahogo cuando se supone una toma de aliento. Hermosas imágenes para la deconstrucción.

Saludos,

Palmira
 

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