La Sexorcisto
Lluna V. L.
Ciudad tras ciudad
me construyo
cual arquitecto
que levanta una última piedra,
pero sé que no va a ser
la que de el fin,
porque de inmedato
me derribo
en un nuevo plan urbanístico
de un cuerpo que me es extraño.
Es la escarcha de la mañana
la que vuelve a levantar vigas,
pisos que quieren llegar
directamente al cielo,
ojos que miran lo que quieren ver
si las alcantarillas son necesarias
y el hormigón reemplazado
por huesos de ballenas y elefantes.
Una tras otra
un laberinto de orgasmos insatisfechos,
pues al llegar al destino
en que los ladrillos son carne,
esas manos ya están encofradas
en callejas silenciosas,
ciudad tras ciudad
me construyo
cual arquitecto
que levanta una última piedra,
pero sé que no va a ser
la que de el fin,
porque de inmedato
me derribo
en un nuevo plan urbanístico
de un cuerpo que me es extraño.
Es la escarcha de la mañana
la que vuelve a levantar vigas,
pisos que quieren llegar
directamente al cielo,
ojos que miran lo que quieren ver
si las alcantarillas son necesarias
y el hormigón reemplazado
por huesos de ballenas y elefantes.
Una tras otra
un laberinto de orgasmos insatisfechos,
pues al llegar al destino
en que los ladrillos son carne,
esas manos ya están encofradas
en callejas silenciosas,
ciudad tras ciudad