Antares
Poeta adicto al portal
Ese fue su último viaje.
Llenó la maleta de
sus ganas de llover,
sus tormentas,
sus silencios.
Ella siempre supo irse
sin hacer ruido.
Sólo un delicado perfume
en la brisa,
respondía al recuerdo.
Ella fue hogar de extraviados
y de poetas de manos vacías.
Era bálsamo y elixir.
Muchos destinos en su piel
y ninguno para el que nació.
Puso tierra de por medio…
los relojes dejaron de marcar las 10
pero el seguía estando allí.
Escapó a tiempo.
Aún las larvas
no crecieron en sus huesos.
Dejó de libar adoquines
de casas sin cimientos.
Todos los espejos
se opacaron.
Esperó la luz
de la alborada.
Y ahora, que sabe fingir
que lo echa de menos…
¿No crees que la calma
anuncia un mal presagio?