danie
solo un pensamiento...
"Pensé fingir voz de viejo o de marinero
para evitarle el susto de reconocerme,
pero el ardid,
por muy bien intencionado que fuese,
me pareció siniestro"
R.A.E.
para evitarle el susto de reconocerme,
pero el ardid,
por muy bien intencionado que fuese,
me pareció siniestro"
R.A.E.
Mientras me explayé en un discurso paupérrimo
defendí los alegatos de los diablos,
mostré los dientes escondiendo las caries
y afilé las uñas en las lápidas de tantos siglos de muertos.
Así, el discurso surgió por arte de magia,
sin necesidad de planearlo,
como si se tratara de un feto prematuro
que nació antes,
mucho antes que conocieran la definición “aborto”.
Lancé mi lengua de miguelitos
que cubrió las avenidas y calles, llegó hasta el centro
donde estaban las lloronas, las madres de la Plaza de Mayo.
Llegó hasta los pobres y embriagó sus vacíos estómagos
con las dulces mieles de los mejores vinos.
Es mejor que estén ebrios y dementes
antes que sean lúcidos letrados.
Inmortalicé una plegaria salvadora
con la arcaica filosofía de los ancestros
cotejando las tablillas
de los diez mandamientos cuneiformes.
También usé un poco de maquillaje blanco,
algo de sombras y un poco de lápiz labial
para vestir mis palabras de payasos/bufones
“es bueno que todo discurso tenga bromas hirientes;
eso divide y gusta a la plebe”
Me victimicé con los niños de la guerra,
con la Noche de los Lápices
y hasta con la última gota de sangre de su parlamento pautado.
Hice gala de la túnica ceremonial de las musas
del Parnaso, como buen poeta
transgredí mis versos con astucia.
Todo resultó sumamente fácil:
mencioné a Cristo un par de veces
compartiendo el pan de su comunismo
y también a ese tal Franklin y su muda estatua de la libertad
“El mármol/piedra siempre calla,
es solo un símbolo; qué puede decir”.
Un gran discurso fue sin dudas…
pero no me alcanzó con eso, hoy necesito más.
Por eso no me culpen y pido perdón por la triste pantomima.
En su tiempo aún no sabía lo que hoy sé:
que siempre supe todo.
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