MarcosR
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se me pierden las horas
empujando la piedra.
Siendo bestia de carga
para que el mundo crezca.
Combustible es mi sangre
mi sudor, mi presencia.
Doblándome la espalda
que no tendrá remedio
cuando pase a retiro.
Calcinado en verano,
helado en los inviernos.
Pendulando liviano
como hoja en el viento.
Apenas un puntito
de cabeza amarilla,
aferrado a una cuerda
en la cresta del mundo.
Trepado a los andamios,
la vida es un suspiro.
Se me pasan los días,
haciendo con mis manos
el nido de otros pájaros,
el sueño de otros vuelos.
Colgado en los pretiles
del progreso moderno.
Levantando las casas
que nunca habitaremos.
Voy rodando la piedra
para espantar el hambre
del plato de mis hijos.
Para que en la ventana
en donde se alza un muro
que llega de otros tiempos,
puedan sus ojos nuevos
divisar horizontes,
sobre verdes praderas.
Es este mi destino.
Monótono y absurdo
enrejado de agujas
cansadas de girar
sobre mi frente añeja.
Y cada día es el mismo
repetido en el tiempo.
Empujando la piedra en la subida
para verla caer en cada ocaso.
Y apenas amanezca, levantarse,
y volverla a subir por la mañana...
empujando la piedra.
Siendo bestia de carga
para que el mundo crezca.
Combustible es mi sangre
mi sudor, mi presencia.
Doblándome la espalda
que no tendrá remedio
cuando pase a retiro.
Calcinado en verano,
helado en los inviernos.
Pendulando liviano
como hoja en el viento.
Apenas un puntito
de cabeza amarilla,
aferrado a una cuerda
en la cresta del mundo.
Trepado a los andamios,
la vida es un suspiro.
Se me pasan los días,
haciendo con mis manos
el nido de otros pájaros,
el sueño de otros vuelos.
Colgado en los pretiles
del progreso moderno.
Levantando las casas
que nunca habitaremos.
Voy rodando la piedra
para espantar el hambre
del plato de mis hijos.
Para que en la ventana
en donde se alza un muro
que llega de otros tiempos,
puedan sus ojos nuevos
divisar horizontes,
sobre verdes praderas.
Es este mi destino.
Monótono y absurdo
enrejado de agujas
cansadas de girar
sobre mi frente añeja.
Y cada día es el mismo
repetido en el tiempo.
Empujando la piedra en la subida
para verla caer en cada ocaso.
Y apenas amanezca, levantarse,
y volverla a subir por la mañana...
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