Dvaldés
Poeta que considera el portal su segunda casa
Estremece el rubor de la mañana
trayendo melodía de gorriones
y en las sombras, resisten
primitivos deseos
que al ser emancipados por la noche
atemporales fueron
en brazos de posibles infinitos.
El espejo revela los escombros
del cuarto hecho cenizas
a la vez que el destello
le conjura sonrisas al presente,
siendo un nuevo principio
para las magnitudes
saciadas de silencios.
Todo vuelve y se expande
hacia el cosmos sutil de lo salvaje
cuando el tiempo se muerde
dulcemente los labios
y el alma aún habita
el temblor de lo excelso.
Dvaldés
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