Cecilya
Cecy
Siguen cantando, jóvenes, eternos en un ordenador que los revive como fantasmas de una época feliz.
Canto con ellos sus letras algo tontas, llenas de esas rimas predecibles y repetitivas de las cuales suelo huir cuando leo poemas. La música las transforma en arte. Magia que impregna el entorno con una alegría que no es exterior, sino que emerge desde los rincones más sublimes de la que fui y sigo siendo.
Me uno como vocalista invitada a las líneas de un estribillo que podría seguir sin que me cansara nunca. Me doy permiso para reproducir la canción una y otra vez. La hago mía.
Y tan natural como el ejercicio de respirar, me surge una sonrisa que no abandona mi boca.
Me siento bien.
Bien porque en un mareo de rimas simples, descubro que nada puede destruir aquello que nos ilumina.
Por eso amo tanto… que también cantes conmigo.
Canto con ellos sus letras algo tontas, llenas de esas rimas predecibles y repetitivas de las cuales suelo huir cuando leo poemas. La música las transforma en arte. Magia que impregna el entorno con una alegría que no es exterior, sino que emerge desde los rincones más sublimes de la que fui y sigo siendo.
Me uno como vocalista invitada a las líneas de un estribillo que podría seguir sin que me cansara nunca. Me doy permiso para reproducir la canción una y otra vez. La hago mía.
Y tan natural como el ejercicio de respirar, me surge una sonrisa que no abandona mi boca.
Me siento bien.
Bien porque en un mareo de rimas simples, descubro que nada puede destruir aquello que nos ilumina.
Por eso amo tanto… que también cantes conmigo.