Bueno, te puedo decir que aquí en Venezuela los sin techo acabaron con el mito criminal de la propiedad de la tierra. Además, eran esencialmente jóvenes. Sin techo jóvenes, en parejas jóvenes, con hjos pequeños, que desesperades por llegar a tener "techo" algún día, plantaron casuchas miserables en los terrenos cercanos a las ciudades grandes de aquí. Te cuento que esos territorios eran de hacendados y de la Iglesia (que no hay crimen en el que no esté incursa), descendientes de los "encomenderos del Rey", como llamaron las leyes de la vieja España, la de las "conquistas" (en realidad, invasiones sanguinarias, genocidas, con apropiación y posterior saqueo de los territorios "conquistados"), a los angelitos de dios a quienes una vez destruidos o vencidos muy vencidos los "indios" (otro mito: no eran "indios" nada) les daban como premio un fundo, para que produjeran "para la gloria de dios" y del rey bienes de la tierra mediante el trabajo honrado... de los "indios" vencidos y de las indias violadas, revioladas, preñadas... en fin. Pero no te creas que las indias golpeadas y revioladas eran esclavas, no, tampoco los indios. Se les pagaba el trabajo que hacían "para la gloria de dios y del rey" con la enseñanza del Evangelio y de la lengua de los cristianos, en lugar de las jergas esas de salvajes que solían hablar.
Por supuesto, con los siglos las costumbres cambiaron un poquitín. Los encomendados y encomendadas se transformaron en peones de hacienda sometidos a condiciones de explotación igualmente deleznables. Y luego llegó el crecimiento de las ciudades venezolanas, de la mano del capitalismo petrolero (y de los capitalistas petroleros tanto de fuera como de dentro del país, por supuesto). La actividad agropecuaria perdió toda su vigencia. Las viejas encomiendas, luego haciendas, fueron prácticamente abandonadas; no así su propiedad, sin embargo. Así que los descendientes de los destechados por la fuerza, de las "indias" revioladas y repreñadas una vez y otra, de las "negras" re-re-requete violadas y empreñadas sin piedad, se tomaron esos territorios para sí.
Los llamaron "invasores" ¿Tú has visto?
Yo soy solamente uno de los hijos de esas mujeres jodidas y rejodidas en algún lugar oscuro del universo. Tal vez, si alguna de ellas tuvo suerte, soy hijo también de algún que otro "indio" o "negro" vencido; concebido luego del cansancio extremo producido por jornales de trabajo esclavo en plantaciones, en el lugar más negro de la noche universal. Hijo de un "invasor", a su vez descendiente de los destechados (por eso es que son sin-techo), que un día se hartó de vivir ·arrimado" a familiares, y una noche bien oscura, de poca luna, agarró a su mujer y a sus tres niños pequeños, y levantó un ranchito miserable en el corazón de una de esas haciendas semiabandonadas. La Guardia Nacional, que no era nacional nada, sino guardia de los terratenientes y propietarios (otro mito develado), le tumbó la precaria vivienda hecha de tablas y latones recogidos de un basurero una, y otra y otra vez. Pero él insistió, e insistió, hasta que lo dejaron en paz. Tuvo mucho que ver el hecho de que no era él solo, sino miles y miles de destechados sin techo como él, los que estaban haciendo lo mismo.
No sé, catira rubia, si te referías en tu buen soneto irreverente, a esa clase de jodidos lunares del universo. Solo te hablo de uno de esos jodidos lunares, que yo conozco por provenir de él. Estoy seguro de que hay otros.
Perdona lo largo de esta perorata. Es que me tocaste algunos recuerdos. Así de bueno es tu poema.