La lluvia tiene esa costumbre
de invocar con sus canciones
los momentos inolvidables.
Es una música que el cielo
sin vientos ni tormentas,
derrama sobre la tierra
sacando de sus entrañas
aromas inefables.
Es quien nos llena de nostalgia
o de ilusiones inquietas
cuando en silencio
resbala por los ventanales.
Un minuto, tan solo un minuto basta
para que la lluvia,
con el beso frio del cielo,
ciegue los cristales
y el otoño se ponga triste
apagando la luz florida del paisaje.
de invocar con sus canciones
los momentos inolvidables.
Es una música que el cielo
sin vientos ni tormentas,
derrama sobre la tierra
sacando de sus entrañas
aromas inefables.
Es quien nos llena de nostalgia
o de ilusiones inquietas
cuando en silencio
resbala por los ventanales.
Un minuto, tan solo un minuto basta
para que la lluvia,
con el beso frio del cielo,
ciegue los cristales
y el otoño se ponga triste
apagando la luz florida del paisaje.