Maroc
Alberto
En “la piel de las manos laceradas”(1)
van las marcas dejadas por el risco;
señas del porte noble, ¡levantisco!,
que dejan mis fisuras más amadas,
pretendo recordar mis escaladas,
al Almanzor, de nombre tan morisco,
es un monte que nunca me es arisco,
donde oyes el rumor de algunas hadas.
Será todo un honor dar un mordisco
a las flores hermosas e inhaladas
que gustan al pirata berberisco.
Se clavan en mi carne como espadas
los golpes de la piedra en el menisco.
¡Las roncas para mí son tan sagradas!,
son peñas donde nunca me resisto
y se convierten bellas, en paradas,
trepo por la pared igual que envisto
a rosas y azucenas perfumadas,
tendré que conformarme, ¡por lo visto!,
porque de mis trepadas no desisto
aunque escuche tus lágrimas saladas,
me encanta poner clavos al esquisto
que no regala vías cual manadas,
y no pienso dejar a ningún listo
venir con materiales de imprevisto
pues vuelan para abajo tal que aladas.
¿Hay por este camino algún desvío
para no accidentarme en este lío?
Espero no dejar a nadie frío.
(1) es de un verso surrealista robado a Laly, (el poema se titula “Heridas”) le dije: me ha llegado muy dentro, ya conoce la razón.
A Santiago (Juglar) y sus décimas endecasílabas y, claro, a Laly.
van las marcas dejadas por el risco;
señas del porte noble, ¡levantisco!,
que dejan mis fisuras más amadas,
pretendo recordar mis escaladas,
al Almanzor, de nombre tan morisco,
es un monte que nunca me es arisco,
donde oyes el rumor de algunas hadas.
Será todo un honor dar un mordisco
a las flores hermosas e inhaladas
que gustan al pirata berberisco.
Se clavan en mi carne como espadas
los golpes de la piedra en el menisco.
¡Las roncas para mí son tan sagradas!,
son peñas donde nunca me resisto
y se convierten bellas, en paradas,
trepo por la pared igual que envisto
a rosas y azucenas perfumadas,
tendré que conformarme, ¡por lo visto!,
porque de mis trepadas no desisto
aunque escuche tus lágrimas saladas,
me encanta poner clavos al esquisto
que no regala vías cual manadas,
y no pienso dejar a ningún listo
venir con materiales de imprevisto
pues vuelan para abajo tal que aladas.
¿Hay por este camino algún desvío
para no accidentarme en este lío?
Espero no dejar a nadie frío.
(1) es de un verso surrealista robado a Laly, (el poema se titula “Heridas”) le dije: me ha llegado muy dentro, ya conoce la razón.
A Santiago (Juglar) y sus décimas endecasílabas y, claro, a Laly.
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