Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
La vieja arboleda de mi infancia, ha florecido.
El campo de los castaños.
Los laureles del huerto que hay junto al Castillo.
Las macetas de mi calle solitaria,
se han poblado de flores y,
cercanos al nido de las garzas,
nacieron los lirios que adornan el río.
El cielo, como ese cristal azul que nos cubre,
se puebla de golondrinas, calandrias y vencejos.
En la iglesia el vetusto campanario
ha recibido un nido de jilgueros.
Plaza Mayor, la Colegiata,
calle del Agua y el Campairo
resurgen de las lluvias y los fríos,
abriéndose al caminar perezoso de las gentes
y al veloz bullicio de los niños.
Carreras, saltos, el mirar profundo
de los ojos delicados de una niña.
Olor a ortigas húmedas.
Aroma del pan de centeno recién salido del horno.
Cerezos blancos vestidos de flor,
como novias núbiles del brazo del esposo.
Tardes largas, de gorjeos en el viento,
de paseos, de cantares que surgen en voces con pasión.
Se agolpan en desorden
los pensamientos, las sensaciones.
En el otoño de mi existencia
viene de la memoria la primavera de mi vida.
El campo de los castaños.
Los laureles del huerto que hay junto al Castillo.
Las macetas de mi calle solitaria,
se han poblado de flores y,
cercanos al nido de las garzas,
nacieron los lirios que adornan el río.
El cielo, como ese cristal azul que nos cubre,
se puebla de golondrinas, calandrias y vencejos.
En la iglesia el vetusto campanario
ha recibido un nido de jilgueros.
Plaza Mayor, la Colegiata,
calle del Agua y el Campairo
resurgen de las lluvias y los fríos,
abriéndose al caminar perezoso de las gentes
y al veloz bullicio de los niños.
Carreras, saltos, el mirar profundo
de los ojos delicados de una niña.
Olor a ortigas húmedas.
Aroma del pan de centeno recién salido del horno.
Cerezos blancos vestidos de flor,
como novias núbiles del brazo del esposo.
Tardes largas, de gorjeos en el viento,
de paseos, de cantares que surgen en voces con pasión.
Se agolpan en desorden
los pensamientos, las sensaciones.
En el otoño de mi existencia
viene de la memoria la primavera de mi vida.