General 17 : Mi adolescencia

José Valverde Yuste

Poeta que considera el portal su segunda casa


Mi adolescencia fue una tormenta
unos días tronaba, otros el sol
relucía como un rayo.

Otras veces, los días grises eran
serpientes deambulando por mi mente
de anacoreta, zigzagueando marcando
estelas en mi camino, pero la lluvia
las borraba como el viento a las nubes.

Los días claros, los rayos del sol
quemaban mi piel, eran picaduras de arañas
que me destrozaban el alma, canción épica
en un alma errante, deambulando por la vida.

Cuando amaba, el aire se volvía enfermizo,
entraba como hielo envenenado en mis venas,
surcaba mi cuerpo, me domesticaba,
era un caballo salvaje encerrado en cuadra.

Cuando trabajaba, el campo me enfurecía,
resbalaba la fatiga por mi piel de araña,
era camaleón cambiando de color
para camuflar mi cansancio.

Por las tardes, luminosidad sin alma,
boca abierta, desmenuzar mis nenúfares
de verde musgo en el surtidor de la nada;
paseos por puentes de hormigón desamparados
como flamencos en retirada.

¿Qué sabes tú del sufrimiento del labriego?
¿Cómo te permites hablar de su condición de siervo
inculto?,¿ acaso dispuso de tus mismas oportunidades?
Es un ser creado por la sociedad del miedo, de la guadaña
de los hierros convertidos en barrotes.

Un usurero de la sociedad calamitosa que vivimos
 
Última edición:


Mi adolescencia fue una tormenta
unos días tronaba, otros el sol
relucía como un rayo.

Otras veces, los días grises eran
serpientes deambulando por mi mente
de anacoreta, zigzagueando marcando
estelas en mi camino, pero la lluvia
las borraba como el viento a las nubes.

Los días claros, los rayos del sol
quemaban mi piel, eran picaduras de arañas
que me destrozaban el alma, canción épica
en un alma errante, deambulando por la vida.

Cuando amaba, el aire se volvía enfermizo,
entraba como hielo envenenado en mis venas,
surcaba mi cuerpo, me domesticaba,
era un caballo salvaje encerrado en cuadra.

Cuando trabajaba, el campo me enfurecía,
resbalaba la fatiga por mi piel de araña,
era camaleón cambiando de color
para camuflar mi cansancio.

Por las tardes, luminosidad sin alma,
boca abierta, desmenuzar mis nenúfares
de verde musgo en el surtidor de la nada;
paseos por puentes de hormigón desamparados
como flamencos en retirada.

¿Qué sabes tú del sufrimiento del labriego?
¿Cómo te permites hablar de su condición de siervo
inculto?,¿ acaso dispuso de tus mismas oportunidades?
Es un ser creado por la sociedad del miedo, de la guadaña
de los hierros convertidos en barrotes.

Un usurero de la sociedad calamitosa que vivimos
Dura adolescencia de un gran poeta.

Un abrazo fuerte.
 


Mi adolescencia fue una tormenta
unos días tronaba, otros el sol
relucía como un rayo.

Otras veces, los días grises eran
serpientes deambulando por mi mente
de anacoreta, zigzagueando marcando
estelas en mi camino, pero la lluvia
las borraba como el viento a las nubes.

Los días claros, los rayos del sol
quemaban mi piel, eran picaduras de arañas
que me destrozaban el alma, canción épica
en un alma errante, deambulando por la vida.

Cuando amaba, el aire se volvía enfermizo,
entraba como hielo envenenado en mis venas,
surcaba mi cuerpo, me domesticaba,
era un caballo salvaje encerrado en cuadra.

Cuando trabajaba, el campo me enfurecía,
resbalaba la fatiga por mi piel de araña,
era camaleón cambiando de color
para camuflar mi cansancio.

Por las tardes, luminosidad sin alma,
boca abierta, desmenuzar mis nenúfares
de verde musgo en el surtidor de la nada;
paseos por puentes de hormigón desamparados
como flamencos en retirada.

¿Qué sabes tú del sufrimiento del labriego?
¿Cómo te permites hablar de su condición de siervo
inculto?,¿ acaso dispuso de tus mismas oportunidades?
Es un ser creado por la sociedad del miedo, de la guadaña
de los hierros convertidos en barrotes.

Un usurero de la sociedad calamitosa que vivimos
Gracias José Luis por pasarte por mis letras. Un abrazo con la pluma del alma
 


Mi adolescencia fue una tormenta
unos días tronaba, otros el sol
relucía como un rayo.

Otras veces, los días grises eran
serpientes deambulando por mi mente
de anacoreta, zigzagueando marcando
estelas en mi camino, pero la lluvia
las borraba como el viento a las nubes.

Los días claros, los rayos del sol
quemaban mi piel, eran picaduras de arañas
que me destrozaban el alma, canción épica
en un alma errante, deambulando por la vida.

Cuando amaba, el aire se volvía enfermizo,
entraba como hielo envenenado en mis venas,
surcaba mi cuerpo, me domesticaba,
era un caballo salvaje encerrado en cuadra.

Cuando trabajaba, el campo me enfurecía,
resbalaba la fatiga por mi piel de araña,
era camaleón cambiando de color
para camuflar mi cansancio.

Por las tardes, luminosidad sin alma,
boca abierta, desmenuzar mis nenúfares
de verde musgo en el surtidor de la nada;
paseos por puentes de hormigón desamparados
como flamencos en retirada.

¿Qué sabes tú del sufrimiento del labriego?
¿Cómo te permites hablar de su condición de siervo
inculto?,¿ acaso dispuso de tus mismas oportunidades?
Es un ser creado por la sociedad del miedo, de la guadaña
de los hierros convertidos en barrotes.

Un usurero de la sociedad calamitosa que vivimos
Mil gracias Antonio por pasarte por mis letras. Un abrazo con la pluma del alma
 


Mi adolescencia fue una tormenta
unos días tronaba, otros el sol
relucía como un rayo.

Otras veces, los días grises eran
serpientes deambulando por mi mente
de anacoreta, zigzagueando marcando
estelas en mi camino, pero la lluvia
las borraba como el viento a las nubes.

Los días claros, los rayos del sol
quemaban mi piel, eran picaduras de arañas
que me destrozaban el alma, canción épica
en un alma errante, deambulando por la vida.

Cuando amaba, el aire se volvía enfermizo,
entraba como hielo envenenado en mis venas,
surcaba mi cuerpo, me domesticaba,
era un caballo salvaje encerrado en cuadra.

Cuando trabajaba, el campo me enfurecía,
resbalaba la fatiga por mi piel de araña,
era camaleón cambiando de color
para camuflar mi cansancio.

Por las tardes, luminosidad sin alma,
boca abierta, desmenuzar mis nenúfares
de verde musgo en el surtidor de la nada;
paseos por puentes de hormigón desamparados
como flamencos en retirada.

¿Qué sabes tú del sufrimiento del labriego?
¿Cómo te permites hablar de su condición de siervo
inculto?,¿ acaso dispuso de tus mismas oportunidades?
Es un ser creado por la sociedad del miedo, de la guadaña
de los hierros convertidos en barrotes.

Un usurero de la sociedad calamitosa que vivimos
Mil gracias Maramín por darle me gusta a mis letras. Es un honor. Un abrazo con la pluma del alma
 


Cuando amaba, el aire se volvía enfermizo,
entraba como hielo envenenado en mis venas,
surcaba mi cuerpo, me domesticaba,
era un caballo salvaje encerrado en cuadra.

Cuando trabajaba, el campo me enfurecía,
resbalaba la fatiga por mi piel de araña,
era camaleón cambiando de color
para camuflar mi cansancio.

¿Qué sabes tú del sufrimiento del labriego?
¿Cómo te permites hablar de su condición de siervo
inculto?,¿ acaso dispuso de tus mismas oportunidades?
Es un ser creado por la sociedad del miedo, de la guadaña
de los hierros convertidos en barrotes.

Un usurero de la sociedad calamitosa que vivimos

Me encanta la intensidad en estos versos y el trabajo de paralelismos entre adolescente y elementos del campo me parece genial. Un abrazo.
 


Mi adolescencia fue una tormenta
unos días tronaba, otros el sol
relucía como un rayo.

Otras veces, los días grises eran
serpientes deambulando por mi mente
de anacoreta, zigzagueando marcando
estelas en mi camino, pero la lluvia
las borraba como el viento a las nubes.

Los días claros, los rayos del sol
quemaban mi piel, eran picaduras de arañas
que me destrozaban el alma, canción épica
en un alma errante, deambulando por la vida.

Cuando amaba, el aire se volvía enfermizo,
entraba como hielo envenenado en mis venas,
surcaba mi cuerpo, me domesticaba,
era un caballo salvaje encerrado en cuadra.

Cuando trabajaba, el campo me enfurecía,
resbalaba la fatiga por mi piel de araña,
era camaleón cambiando de color
para camuflar mi cansancio.

Por las tardes, luminosidad sin alma,
boca abierta, desmenuzar mis nenúfares
de verde musgo en el surtidor de la nada;
paseos por puentes de hormigón desamparados
como flamencos en retirada.

¿Qué sabes tú del sufrimiento del labriego?
¿Cómo te permites hablar de su condición de siervo
inculto?,¿ acaso dispuso de tus mismas oportunidades?
Es un ser creado por la sociedad del miedo, de la guadaña
de los hierros convertidos en barrotes.

Un usurero de la sociedad calamitosa que vivimos
Una adolescencia que marca, como marca la niñez, y que deja un poema que con los años nos identifica.
Me recuerda en ciertos aspectos a parte de la mía entre una fábrica de hielo y gaseosas y unos jornales interminables en los campos de fresón.
También me recuerda, en su parte final, a uno que escribí está misma semana, y que anda impreso en un par de hojas de papel, con borrones, tachaduras y saltos de renglón, para pasarlo a limpio.
Me gustó, compañero, está mirada atrás y a delante hecha poesía.
Un abrazo de domingo festivo.
 
Una adolescencia que marca, como marca la niñez, y que deja un poema que con los años nos identifica.
Me recuerda en ciertos aspectos a parte de la mía entre una fábrica de hielo y gaseosas y unos jornales interminables en los campos de fresón.
También me recuerda, en su parte final, a uno que escribí está misma semana, y que anda impreso en un par de hojas de papel, con borrones, tachaduras y saltos de renglón, para pasarlo a limpio.
Me gustó, compañero, está mirada atrás y a delante hecha poesía.
Un abrazo de domingo festivo.
Gracias Alonso un placer leer tus comentarios. La vida nos va marcando con hechos, recuerdos, sueños... Y en un momento aparecen en este caso en forma de poesía. Un abrazo con la pluma del alma
 


Mi adolescencia fue una tormenta
unos días tronaba, otros el sol
relucía como un rayo.

Otras veces, los días grises eran
serpientes deambulando por mi mente
de anacoreta, zigzagueando marcando
estelas en mi camino, pero la lluvia
las borraba como el viento a las nubes.

Los días claros, los rayos del sol
quemaban mi piel, eran picaduras de arañas
que me destrozaban el alma, canción épica
en un alma errante, deambulando por la vida.

Cuando amaba, el aire se volvía enfermizo,
entraba como hielo envenenado en mis venas,
surcaba mi cuerpo, me domesticaba,
era un caballo salvaje encerrado en cuadra.

Cuando trabajaba, el campo me enfurecía,
resbalaba la fatiga por mi piel de araña,
era camaleón cambiando de color
para camuflar mi cansancio.

Por las tardes, luminosidad sin alma,
boca abierta, desmenuzar mis nenúfares
de verde musgo en el surtidor de la nada;
paseos por puentes de hormigón desamparados
como flamencos en retirada.

¿Qué sabes tú del sufrimiento del labriego?
¿Cómo te permites hablar de su condición de siervo
inculto?,¿ acaso dispuso de tus mismas oportunidades?
Es un ser creado por la sociedad del miedo, de la guadaña
de los hierros convertidos en barrotes.

Un usurero de la sociedad calamitosa que vivimos
Hermoso poema! Una etapa de vida reflejada fielmente en una bella narración...
Muchas gracias por compartirlo, José!
 

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