José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mi adolescencia fue una tormenta
unos días tronaba, otros el sol
relucía como un rayo.
Otras veces, los días grises eran
serpientes deambulando por mi mente
de anacoreta, zigzagueando marcando
estelas en mi camino, pero la lluvia
las borraba como el viento a las nubes.
Los días claros, los rayos del sol
quemaban mi piel, eran picaduras de arañas
que me destrozaban el alma, canción épica
en un alma errante, deambulando por la vida.
Cuando amaba, el aire se volvía enfermizo,
entraba como hielo envenenado en mis venas,
surcaba mi cuerpo, me domesticaba,
era un caballo salvaje encerrado en cuadra.
Cuando trabajaba, el campo me enfurecía,
resbalaba la fatiga por mi piel de araña,
era camaleón cambiando de color
para camuflar mi cansancio.
Por las tardes, luminosidad sin alma,
boca abierta, desmenuzar mis nenúfares
de verde musgo en el surtidor de la nada;
paseos por puentes de hormigón desamparados
como flamencos en retirada.
¿Qué sabes tú del sufrimiento del labriego?
¿Cómo te permites hablar de su condición de siervo
inculto?,¿ acaso dispuso de tus mismas oportunidades?
Es un ser creado por la sociedad del miedo, de la guadaña
de los hierros convertidos en barrotes.
Un usurero de la sociedad calamitosa que vivimos
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