La vida se ha vuelto monótona
sin tu presencia.
Desde que te fuiste,
mi memoria se ha hecho carne,
las rosas perdieron su brillo
y las azucenas son negras.
Antes el mar era la orilla
donde acudíamos
a escuchar sus cantares
con la luna observándonos
tan inocente y tan lírica.
Ahora la orilla soy yo,
donde sigilosas acuden las olas
para escuchar el canto
de mis pesares.
No soporto el silencio en el alma,
es un silencio muerto
en la eterna melodía de la ausencia,
porque el silencio
crece como un cáncer arrastrándose
sigilosamente,
llenando de semillas negras
el rojo de la sangre.
La vida se ha vuelto monótona
sin tu presencia,
la oscuridad es la vieja amiga
que tiende su mano
y viene a hablar conmigo,
a apoderarse de mi mente
y a someterme al impulso
de los dulces recuerdos.
Mi memoria ya es carne sí,
y tú espíritu está ahí,
inmóvil, en mi vivir de cada día,
y mientras a la nostalgia
me entrego,
respiro profundamente...
Quizás sea la única manera
de sentirte dentro.