Zulma Martínez
Mar azul...
El camino se extiende, a sus anchas, por el valle como una interminable y recta cinta gris. Los pensamientos se adormecen con el suave vaivén del vehículo.
De pronto, aparece una curva y acontece la magia. La cinta gris y recta empieza a ondular entre las montañas que ya muestran, de cerca, su imponencia. Se ven helechos que penden sobre el camino en polvorientas cascadas y, más allá, pajonales, espinillos y chañares se asoman a los precipicios.
Varios arroyitos se descuelgan, indecisos, entre las piedras, mientras un ejército de nubes oscuras se yergue sobre los afilados picos.
"Tormenta" es el comentario, casi aliviado.
Un relámpago muy azul atraviesa el ejército de nubes e ilumina los pajonales, los helechos y los arroyitos indecisos. Urge que se presente la lluvia a inaugurar la recién llegada primavera, que aún no luce sus verdores.
Otra curva y otra... y otra. Mas, ella parece no condolerse del paisaje que clama de sed.
Llegamos a destino. Sin lluvia, pero con esperanza.
Es primavera;
el paisaje reseco
un relámpago
De pronto, aparece una curva y acontece la magia. La cinta gris y recta empieza a ondular entre las montañas que ya muestran, de cerca, su imponencia. Se ven helechos que penden sobre el camino en polvorientas cascadas y, más allá, pajonales, espinillos y chañares se asoman a los precipicios.
Varios arroyitos se descuelgan, indecisos, entre las piedras, mientras un ejército de nubes oscuras se yergue sobre los afilados picos.
"Tormenta" es el comentario, casi aliviado.
Un relámpago muy azul atraviesa el ejército de nubes e ilumina los pajonales, los helechos y los arroyitos indecisos. Urge que se presente la lluvia a inaugurar la recién llegada primavera, que aún no luce sus verdores.
Otra curva y otra... y otra. Mas, ella parece no condolerse del paisaje que clama de sed.
Llegamos a destino. Sin lluvia, pero con esperanza.
Es primavera;
el paisaje reseco
un relámpago