Maroc
Alberto
Mi pasión es el flamenco
que brilla como una estrella
entre penas de un gitano
vagando por las aceras.
Cuando la luna aparece
siento su buena presencia,
en el interior del alma,
con mis cosas más pequeñas.
Oigo cantar alegrías
que me quitan la tristeza
entre la noche y el alba
o entre el olor de la sierra.
Por enfrente de un colmao
pasa una gitana bella
con el olor del romero
perfumando su belleza.
Buscando tu largo pelo
me fui para Cartagena
donde hay una cantaora
que siempre canta mineras.
Como no te vi en levante
mi cara se puso seria
y te busqué por Sevilla
sin que nadie lo supiera.
Escuché a las caracolas,
pregunte a tus compañeras,
a tus primas de Graná
y a lo que el viento se lleva.
Sentía mil amarguras
desconsolar mi cabeza
pero tras el horizonte
en algún lugar me esperas.
Al fin te encontre, ¡gitana!,
cantando por carceleras
porque me creías preso,
metido tras unas rejas.
Todos los días me acerco
para ver como paseas
entre rosas y jazmines
con tus lindas trenzas negras
y vuelve a cantar la alondra
siendo buena su presencia.
Te quiero día tras día,
te quiero por ser mi reina
y veo tus ojos verdes
que están mirando de cerca
a unos gorriones que cantan
mientras los mirlos gorjean.
Me gustan los olivares,
los lirios y la azucena,
la mirada de los toros
y las fuentes de agua fresca.
Amo tus ojos, ¡gitana!
y amando tu piel morena
escuchamos la guitarra
mientras crecen las violetas.
Me encanta besar tus labios
tan rojos como cerezas
cuando con los sentimientos
tú me besas y me besas.
Que difícil es querer
en esta vida moderna
donde viven los señores
que miran con desvergüenza
y es que ahora se marchó
la alegría de las ferias,
los latidos de verdad
y aquella mano serena,
con la sonrisa en los labios,
peinándose la melena.
En el cielo hago romances
como un humilde poeta
y con mi amante gitana
todos los días son fiesta.
que brilla como una estrella
entre penas de un gitano
vagando por las aceras.
Cuando la luna aparece
siento su buena presencia,
en el interior del alma,
con mis cosas más pequeñas.
Oigo cantar alegrías
que me quitan la tristeza
entre la noche y el alba
o entre el olor de la sierra.
Por enfrente de un colmao
pasa una gitana bella
con el olor del romero
perfumando su belleza.
Buscando tu largo pelo
me fui para Cartagena
donde hay una cantaora
que siempre canta mineras.
Como no te vi en levante
mi cara se puso seria
y te busqué por Sevilla
sin que nadie lo supiera.
Escuché a las caracolas,
pregunte a tus compañeras,
a tus primas de Graná
y a lo que el viento se lleva.
Sentía mil amarguras
desconsolar mi cabeza
pero tras el horizonte
en algún lugar me esperas.
Al fin te encontre, ¡gitana!,
cantando por carceleras
porque me creías preso,
metido tras unas rejas.
Todos los días me acerco
para ver como paseas
entre rosas y jazmines
con tus lindas trenzas negras
y vuelve a cantar la alondra
siendo buena su presencia.
Te quiero día tras día,
te quiero por ser mi reina
y veo tus ojos verdes
que están mirando de cerca
a unos gorriones que cantan
mientras los mirlos gorjean.
Me gustan los olivares,
los lirios y la azucena,
la mirada de los toros
y las fuentes de agua fresca.
Amo tus ojos, ¡gitana!
y amando tu piel morena
escuchamos la guitarra
mientras crecen las violetas.
Me encanta besar tus labios
tan rojos como cerezas
cuando con los sentimientos
tú me besas y me besas.
Que difícil es querer
en esta vida moderna
donde viven los señores
que miran con desvergüenza
y es que ahora se marchó
la alegría de las ferias,
los latidos de verdad
y aquella mano serena,
con la sonrisa en los labios,
peinándose la melena.
En el cielo hago romances
como un humilde poeta
y con mi amante gitana
todos los días son fiesta.
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