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El pasillo

penabad57

Poeta veterano en el portal
En el suelo yacen las pisadas que aún viven bajo la luz

de la nostalgia, y es su dibujo un laberinto de signos ocres

donde se pierde el rumor de las risas antiguas, el lento deslizar

de un balón como si fuera un esquife por el canal que forman

los altos muros de aquel pasillo gris vuelve a mis manos, igual

que ayer, entre goles sin número y gritos de un júbilo amordazado

por las reglas tácitas del silencio, suena el teléfono- ave oscura

sobre la cómoda de caoba- y una voz familiar se derrama,

sutilmente, como un aire que retorna después de diez años

a su guarida con el ansia del recuerdo poblando sus vocales,

aquellas que repiten como sonido de campanas la letanía

de una mímica que nunca se perdió en la eternidad de los relojes.
 
En el suelo yacen las pisadas que aún viven bajo la luz

de la nostalgia, y es su dibujo un laberinto de signos ocres

donde se pierde el rumor de las risas antiguas, el lento deslizar

de un balón como si fuera un esquife por el canal que forman

los altos muros de aquel pasillo gris vuelve a mis manos, igual

que ayer, entre goles sin número y gritos de un júbilo amordazado

por las reglas tácitas del silencio, suena el teléfono- ave oscura

sobre la cómoda de caoba- y una voz familiar se derrama,

sutilmente, como un aire que retorna después de diez años

a su guarida con el ansia del recuerdo poblando sus vocales,

aquellas que repiten como sonido de campanas la letanía

de una mímica que nunca se perdió en la eternidad de los relojes.
Buen poema, un gusto leerte.
 
En el suelo yacen las pisadas que aún viven bajo la luz

de la nostalgia, y es su dibujo un laberinto de signos ocres

donde se pierde el rumor de las risas antiguas, el lento deslizar

de un balón como si fuera un esquife por el canal que forman

los altos muros de aquel pasillo gris vuelve a mis manos, igual

que ayer, entre goles sin número y gritos de un júbilo amordazado

por las reglas tácitas del silencio, suena el teléfono- ave oscura

sobre la cómoda de caoba- y una voz familiar se derrama,

sutilmente, como un aire que retorna después de diez años

a su guarida con el ansia del recuerdo poblando sus vocales,

aquellas que repiten como sonido de campanas la letanía

de una mímica que nunca se perdió en la eternidad de los relojes.
Del amor nace la ilusión.
De lo que se perdió queda la nostalgia.

Saludos
 

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