Tomasa
Poeta recién llegado
Llevo mucho tiempo sin dar palo al agua;
a menudo siento que mi vida es un arresto domiciliario;
mi iniciativa para mover el culo me abandonó hace demasiado,
o tal vez nunca haya estado conmigo;
lo cierto es que no pinto nada, en ninguna parte,
o esa sensación tengo cada vez más.
Buscar un propósito a estas alturas
se va pareciendo a entrar en una casa de empeños
para que nos den algo por nada;
un préstamo a fondo
perdido.
Le pregunté qué contestaría si en el colegio
les pedían que dijeran a qué se dedicaban sus padres,
y no tardó ni un segundo en responder,
alegando que yo era un cocinero
encargado de todas las comidas en casa;
lo afirmó con la seguridad de Newton
constatando la ley de la gravedad,
igual que una verdad autoevidente, inmutable, axiomática.
"Un chef" me dijo.
Una tristeza prehistórica me cayó encima como un saco de piedras;
esa respuesta fabricada para legitimarme era producto de la inocencia,
de un amor desmedido e ingenuo,
tan hermoso que me retorcía el corazón,
porque la realidad sin adornos bajará
como un canto rodado
tarde o temprano para aplastar ese cariño.
Hay cosas que deberían quedar a salvo del tiempo,
velando por nosotros para siempre.
a menudo siento que mi vida es un arresto domiciliario;
mi iniciativa para mover el culo me abandonó hace demasiado,
o tal vez nunca haya estado conmigo;
lo cierto es que no pinto nada, en ninguna parte,
o esa sensación tengo cada vez más.
Buscar un propósito a estas alturas
se va pareciendo a entrar en una casa de empeños
para que nos den algo por nada;
un préstamo a fondo
perdido.
Le pregunté qué contestaría si en el colegio
les pedían que dijeran a qué se dedicaban sus padres,
y no tardó ni un segundo en responder,
alegando que yo era un cocinero
encargado de todas las comidas en casa;
lo afirmó con la seguridad de Newton
constatando la ley de la gravedad,
igual que una verdad autoevidente, inmutable, axiomática.
"Un chef" me dijo.
Una tristeza prehistórica me cayó encima como un saco de piedras;
esa respuesta fabricada para legitimarme era producto de la inocencia,
de un amor desmedido e ingenuo,
tan hermoso que me retorcía el corazón,
porque la realidad sin adornos bajará
como un canto rodado
tarde o temprano para aplastar ese cariño.
Hay cosas que deberían quedar a salvo del tiempo,
velando por nosotros para siempre.
Última edición: