Danel
Un cubano más
En mi pecho un suspiro se extiende,
como brisa de mares lejanos,
que me llama en las noches de sueño,
a los campos de tierra y de mano.
Es el eco de un puerto silente,
es la voz de un rincón que he dejado.
Bajo cielos de estrellas distantes,
donde el viento murmura añoranza,
cubro el pecho de exilio y promesas,
de regresar al verde que danza.
Entre muros de sombras ajenas,
late un suelo que nunca descansa.
Oh, rincón de mi alma cautiva,
te persigo en las horas de ausencia,
con el grito ahogado en silencio
que resuena en la noche y la esencia.
Son tus palmas, tus olas, tus calles,
el retorno que sueña mi espera.
¿Qué es la libertad si en la orilla
no me abraza la espuma sagrada?
¿Qué es el aire si el alma en su canto
no respira su tierra sellada?
Entre luces de ajenos desvelos,
me susurra una paz postergada.
A ti vuelvo en el viento que cruza,
en los años que el tiempo amontona,
en la espera de un cielo distinto,
que mis brazos en polvo coronan.
Yo soy hijo de un suelo herido,
que en mi pecho nunca abandona.
Y así sigo en las noches calladas,
donde el mar es la voz que me llama;
volveré, me repito en los días,
volveré, mientras cierro la llama.
Porque el pecho que arde en distancia,
se consume, pero no se apaga.
como brisa de mares lejanos,
que me llama en las noches de sueño,
a los campos de tierra y de mano.
Es el eco de un puerto silente,
es la voz de un rincón que he dejado.
Bajo cielos de estrellas distantes,
donde el viento murmura añoranza,
cubro el pecho de exilio y promesas,
de regresar al verde que danza.
Entre muros de sombras ajenas,
late un suelo que nunca descansa.
Oh, rincón de mi alma cautiva,
te persigo en las horas de ausencia,
con el grito ahogado en silencio
que resuena en la noche y la esencia.
Son tus palmas, tus olas, tus calles,
el retorno que sueña mi espera.
¿Qué es la libertad si en la orilla
no me abraza la espuma sagrada?
¿Qué es el aire si el alma en su canto
no respira su tierra sellada?
Entre luces de ajenos desvelos,
me susurra una paz postergada.
A ti vuelvo en el viento que cruza,
en los años que el tiempo amontona,
en la espera de un cielo distinto,
que mis brazos en polvo coronan.
Yo soy hijo de un suelo herido,
que en mi pecho nunca abandona.
Y así sigo en las noches calladas,
donde el mar es la voz que me llama;
volveré, me repito en los días,
volveré, mientras cierro la llama.
Porque el pecho que arde en distancia,
se consume, pero no se apaga.