Crepúsculo

kamiqaze

Poeta recién llegado
Ella esperaba de la noche un trago intoxicante.
Tus cabellos huelen a almendras,
y no has atado bien tus zapatillas negras.
Mientras la luna de hielo azul se pasea de avenida en avenida,
rostros ebrios y grasientos gritan
y tú sucumbes entre mis brazos.
Luego me susurras que deseas patear los verdes charcos del camino
que se corrompen como mi vida quieta.
Y todo se desordena en las sombras,
me vuelvo violento y tú ni siquiera lo sospechas,
pero, sabes, aún te amo
y siempre espero;
mujer de cintura de palmera,
hueles a alcohol,
te odio por engañarme,
ríes, y muerdes tu dedo índice
con la gracia nocturna de una bruja.
Ahora vuelves sobre tus pasos en los reflejos de los escaparates,
te vas, y yo me maldigo;
me torturan tantas cosas que ya no sé cuáles son,
escribo en los asientos de los buses,
y solo me alivia en las tardes
la brisa de del otoño.

Amarte es odiar mi pasado,
quisiera olvidar el sabor de tu cuerpo azul.
 
Ella esperaba de la noche un trago intoxicante.
Tus cabellos huelen a almendras,
y no has atado bien tus zapatillas negras.
Mientras la luna de hielo azul se pasea de avenida en avenida,
rostros ebrios y grasientos gritan
y tú sucumbes entre mis brazos.
Luego me susurras que deseas patear los verdes charcos del camino
que se corrompen como mi vida quieta.
Y todo se desordena en las sombras,
me vuelvo violento y tú ni siquiera lo sospechas,
pero, sabes, aún te amo
y siempre espero;
mujer de cintura de palmera,
hueles a alcohol,
te odio por engañarme,
ríes, y muerdes tu dedo índice
con la gracia nocturna de una bruja.
Ahora vuelves sobre tus pasos en los reflejos de los escaparates,
te vas, y yo me maldigo;
me torturan tantas cosas que ya no sé cuáles son,
escribo en los asientos de los buses,
y solo me alivia en las tardes
la brisa de del otoño.

Amarte es odiar mi pasado,
quisiera olvidar el sabor de tu cuerpo azul.
Quien ama no olvida.
El pasado a veces nos ata.

Saludos
 
Ella esperaba de la noche un trago intoxicante.
Tus cabellos huelen a almendras,
y no has atado bien tus zapatillas negras.
Mientras la luna de hielo azul se pasea de avenida en avenida,
rostros ebrios y grasientos gritan
y tú sucumbes entre mis brazos.
Luego me susurras que deseas patear los verdes charcos del camino
que se corrompen como mi vida quieta.
Y todo se desordena en las sombras,
me vuelvo violento y tú ni siquiera lo sospechas,
pero, sabes, aún te amo
y siempre espero;
mujer de cintura de palmera,
hueles a alcohol,
te odio por engañarme,
ríes, y muerdes tu dedo índice
con la gracia nocturna de una bruja.
Ahora vuelves sobre tus pasos en los reflejos de los escaparates,
te vas, y yo me maldigo;
me torturan tantas cosas que ya no sé cuáles son,
escribo en los asientos de los buses,
y solo me alivia en las tardes
la brisa de del otoño.

Amarte es odiar mi pasado,
quisiera olvidar el sabor de tu cuerpo azul.


Bravo, Poeta.
 

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