Ella esperaba de la noche un trago intoxicante.
Tus cabellos huelen a almendras,
y no has atado bien tus zapatillas negras.
Mientras la luna de hielo azul se pasea de avenida en avenida,
rostros ebrios y grasientos gritan
y tú sucumbes entre mis brazos.
Luego me susurras que deseas patear los verdes charcos del camino
que se corrompen como mi vida quieta.
Y todo se desordena en las sombras,
me vuelvo violento y tú ni siquiera lo sospechas,
pero, sabes, aún te amo
y siempre espero;
mujer de cintura de palmera,
hueles a alcohol,
te odio por engañarme,
ríes, y muerdes tu dedo índice
con la gracia nocturna de una bruja.
Ahora vuelves sobre tus pasos en los reflejos de los escaparates,
te vas, y yo me maldigo;
me torturan tantas cosas que ya no sé cuáles son,
escribo en los asientos de los buses,
y solo me alivia en las tardes
la brisa de del otoño.
Amarte es odiar mi pasado,
quisiera olvidar el sabor de tu cuerpo azul.
Tus cabellos huelen a almendras,
y no has atado bien tus zapatillas negras.
Mientras la luna de hielo azul se pasea de avenida en avenida,
rostros ebrios y grasientos gritan
y tú sucumbes entre mis brazos.
Luego me susurras que deseas patear los verdes charcos del camino
que se corrompen como mi vida quieta.
Y todo se desordena en las sombras,
me vuelvo violento y tú ni siquiera lo sospechas,
pero, sabes, aún te amo
y siempre espero;
mujer de cintura de palmera,
hueles a alcohol,
te odio por engañarme,
ríes, y muerdes tu dedo índice
con la gracia nocturna de una bruja.
Ahora vuelves sobre tus pasos en los reflejos de los escaparates,
te vas, y yo me maldigo;
me torturan tantas cosas que ya no sé cuáles son,
escribo en los asientos de los buses,
y solo me alivia en las tardes
la brisa de del otoño.
Amarte es odiar mi pasado,
quisiera olvidar el sabor de tu cuerpo azul.