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El cobre de los andes

León_es

...no soy poeta, solo escribo...
El férreo traqueteo del tren

me despertó de un dulce sueño, del

nevado cobre panorámico rocoso

al azul del brillante cielo


La marcha se detiene

En la solitaria y fría estación.

Los adoquines sueltos, rotos,

nadie mira salvo la curiosa llama


El reloj, en su caja de madera,

señala el temprano mediodía;

tras los cristales de una ventanilla,

una mujer me invita a pasar.

Es la capataza de la estación


En la sala de espera, nadie.

Una puerta se abre y aparece,

ella, azabachados largos cabellos,

sus labios firmes, sensuales


Sus alegres ojos, color del jade,

dominan la inmensidad andina

en su profunda y grácil mirada,

en su potente figura se trasluce

una inmensa humanidad


Nuestras miradas arden nuevas emociones

que reconocen nuestra complicidad.

Su belleza, aún me sublima y enamora

en este lapso, la nueva aventura


El cálido beso de sus fríos labios,

el rosado efluvio de la dorada piel,

rubor en sus frescos pómulos,

sedoso tacto de cabellos alborotados


El abrazo en nuestros cuerpos

en un esperado impulso,

fluyen recuerdos, desperezan neuronas,

el calor se transmite y atraviesa


Sus firmes senos, su cintura,

sus manos sobre mi cara.

Nos estremece casi hasta el llanto,

y de la emoción, a la hilaridad


Del frío al calor de la sorpresa,

al furor; el tren sigue su marcha.

La nieve intenta ocultarnos,

la emoción nos impulsa pervivir


El recuerdo hecho realidad. Y

ya comprimidos bajo el pedernal

de la sierra madre, nos hierve

el plasma, nos admiramos, caminamos


¡El cobrizo calor de nuestros cuerpos derrite la nieve bajo la abrupta cumbre!
 
El férreo traqueteo del tren

me despertó de un dulce sueño, del

nevado cobre panorámico rocoso

al azul del brillante cielo


La marcha se detiene

En la solitaria y fría estación.

Los adoquines sueltos, rotos,

nadie mira salvo la curiosa llama


El reloj, en su caja de madera,

señala el temprano mediodía;

tras los cristales de una ventanilla,

una mujer me invita a pasar.

Es la capataza de la estación


En la sala de espera, nadie.

Una puerta se abre y aparece,

ella, azabachados largos cabellos,

sus labios firmes, sensuales


Sus alegres ojos, color del jade,

dominan la inmensidad andina

en su profunda y grácil mirada,

en su potente figura se trasluce

una inmensa humanidad


Nuestras miradas arden nuevas emociones

que reconocen nuestra complicidad.

Su belleza, aún me sublima y enamora

en este lapso, la nueva aventura


El cálido beso de sus fríos labios,

el rosado efluvio de la dorada piel,

rubor en sus frescos pómulos,

sedoso tacto de cabellos alborotados


El abrazo en nuestros cuerpos

en un esperado impulso,

fluyen recuerdos, desperezan neuronas,

el calor se transmite y atraviesa


Sus firmes senos, su cintura,

sus manos sobre mi cara.

Nos estremece casi hasta el llanto,

y de la emoción, a la hilaridad


Del frío al calor de la sorpresa,

al furor; el tren sigue su marcha.

La nieve intenta ocultarnos,

la emoción nos impulsa pervivir


El recuerdo hecho realidad. Y

ya comprimidos bajo el pedernal

de la sierra madre, nos hierve

el plasma, nos admiramos, caminamos


¡El cobrizo calor de nuestros cuerpos derrite la nieve bajo la abrupta cumbre!
El cierre del poema sintetiza la buena poesía y elocuente.

Saludos
 
Tu texto tiene buenas imágenes, he disfrutado la lectura, por momentos me perdí hilando la película que me pasa por mi cabeza. Viene a mí la canción América, Chile cobre y mineral, me hace pensar en el Perú, y en ese trayecto un amor trastocando ese frio, causando deshielo.
 
Me gustó porque me hizo sentir como si estuviera ahí, viviendo ese encuentro tan intenso y lleno de emociones. Por ejemplo, la frase "Sus alegres ojos, color del jade, dominan la inmensidad andina" me encantó porque describe a la mujer con tanta fuerza que parece formar parte del paisaje. romántico y apasionado:)
 
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