Soy el trashumante,
y soy el que aguarda, confuso,
a la luz de los sahumerios,
el petricor de tus pechos.
Inhalo al pasar
el vaho secreto.
En los condimentos.
Condensado.
En vano sueñan los búhos en tu pelo.
La noche pesa
sus racimos en tu espalda.
Y escucho crecer tu acento
en la ceniza
de violines quemados
como se escucha crecer
el río o un largo silbido.
Afuera el trueno
abrirá las violáceas
ventanas de la ipomea.
El alcohol de tus piernas
sofocando
el pulso de los templos.
¡Ciérrame los ojos con un poema!
-es demasiado
tarde para un atajo-
dijo la flor entre tus labios.
y soy el que aguarda, confuso,
a la luz de los sahumerios,
el petricor de tus pechos.
Inhalo al pasar
el vaho secreto.
En los condimentos.
Condensado.
En vano sueñan los búhos en tu pelo.
La noche pesa
sus racimos en tu espalda.
Y escucho crecer tu acento
en la ceniza
de violines quemados
como se escucha crecer
el río o un largo silbido.
Afuera el trueno
abrirá las violáceas
ventanas de la ipomea.
El alcohol de tus piernas
sofocando
el pulso de los templos.
¡Ciérrame los ojos con un poema!
-es demasiado
tarde para un atajo-
dijo la flor entre tus labios.
Última edición: