Café Extravagante Ville Valo.

Cuando los viernes parecen jueves
y el reloj se detiene en la hora equivocada,
te descubro en el aire denso de una rutina que no avanza,
como si el mundo se hubiera olvidado de girar
y los días fueran solo un eco cansado
de lo que fuimos alguna vez.

Hay un aroma a melancolía en la brisa,
dulce, pero agrio en el fondo,
como el café que dejaste a medias en la mesa,
como las palabras que callaste
y aún rondan los rincones de la casa.

Los viernes deberían ser alegres,
tener la prisa del fin que se acerca,
la euforia de los sueños guardados para mañana.
Pero hoy, este viernes,
parece un jueves sin prisa ni promesas,
un día que no termina de ser ni se atreve a empezar.

Y yo, con los bolsillos llenos de silencios,
me quedo esperando que regreses,
que llegues con la risa desbordada
y el corazón encendido de historias nuevas.
Pero no vienes.

Entonces entiendo que no son los viernes ni los jueves,
ni las horas que se confunden en el calendario.
Es tu ausencia lo que dobla el tiempo,
lo que apaga los colores
y me deja varado en un rincón del día, esperando que pase,
esperando que vuelvas.
 
Un silencio echo risa para ti

Un silencio trepa
los muslos,
de las paredes.

Intenso ...
va derramando deseos,
sin un sonido
sin un parpadeo.

va creciendo
propagándose,
entre soles
y destellos de vida,
reptando entre rojos puros
entre grises ahogados.

Dos fuegos
orgullosos,
se enfrentan
se arrodillan,
y cortan el aire
con carcajadas,
el silencio se escapa.

Se nos escapa
por los labios,
por los ojos
por las manos.

Se nos escapa
el silencio,
por los dedos
por los poros,
y amo reir contigo
espantando al silencio.
 
Última edición:

Me miras

Me miras
y mi piel
es un incendio
de amapolas rojas

Qué conjuro derraman
tus manos
que aún sin rozarme
me revolucionas toda

mi respiración
baila y canta
un allegro
cuando te siento
caminando en mí

invades mis sentidos
tan dulce
como un caramelo
derritiéndose en mi boca

eres como un sol
incendiandome la piel
eres una tea
ardiendo en mi oscuridad
 
Si me matas poco a poco, no dejes de bailar

Mátame despacio, con la cadencia exacta del compás que no se rompe.
Déjame morir en las grietas de tu risa, en el eco de un aplauso que nunca llega.
Hazlo así, sin prisa, con los tobillos girando sobre el filo del abismo,
bailando en puntas, como si el vértigo fuera un amante que no sabe besar.

Si me matas, que sea entre giros de cintura,
con el vaivén de tus hombros trazando un mapa
de lugares que nunca existirán.
Que tu sombra dibuje espirales en el suelo
y mi piel sienta el roce de un aire que no me pertenece.

No pares, ni siquiera cuando me desvanezca,
cuando el aire que respiro se vuelva elástico y hostil.
Sigue moviéndote como si tu danza pudiera revertir
el reloj que llevo incrustado en las costillas.

Hazlo así, al estilo de Cortázar, entre líneas de un cuento que nunca termina,
donde los personajes no saben si suben o bajan las escaleras,
y el jazz suena como un crimen que nadie sabe cometer.

Si me matas, hazlo con arte.
Baila, baila hasta que mis huesos se vuelvan polvo
y mi nombre sea solo una nota perdida en la melodía de tus pies.
 
De tanto mirarte, ciego quedé

De tanto mirarte, se me gastaron los ojos.
Te miré como quien se asoma a un pozo, buscando reflejos,
y encontré oscuridad, y encontré agua.
Te miré tanto, que mis pupilas aprendieron a arder
y mi sangre se volvió un río ciego, corriendo hacia ti.

De tanto mirarte, amor, aprendí que la luz es traicionera,
que el sol no calienta igual cuando me miras de reojo,
que tus ojos son abismos donde el día tropieza
y la noche se acuesta a morir.

Ciego quedé, no por falta de luz,
sino por el exceso de ti.
Tu silueta es un incendio en mis párpados cerrados,
y tu nombre, una bengala que no se apaga.

Te miré tanto que ya no sé si existes,
o si fuiste una mentira que fabriqué para tener algo
que romper entre las manos.
Porque a veces amar es eso,
mirar hasta quedarse vacío, hasta quedarse ciego,
hasta que el mundo se desvanece y solo quedas tú,
en un rincón del recuerdo, bailando con la sombra.

De tanto mirarte, amor,
no me quedó nada más.
Solo la certeza de que, aunque y
a no veo, todavía te busco.
 
Feliz sábado cafeteros
vine corriendo rápido como una tortuga a saludar :D


Algo... tonto


Corro hacia ti

disfruto

siguiendo tu esencia

respiro

quiero tu piel erizada
tus manos temblorosas

sudor enamorado
saliva traviesa

quiero tus huesos
estrujados despacito

ven a bailar conmigo
en la cornisa
en puntitas de pies

en silencio acariciarnos
como luciérnagas
encendidas
descifrando misterios


dando giros
tocando tierra
y volando
como un huracán
te amo
 
Tonta, tanto, te amo, cuando la noche se despliega en su danza callada, y yo, aprendiz de equilibrista, camino la cuerda floja de tus suspiros. Tonta, tanto, te amo, cuando tu risa se desata como un trueno y rompe la jaula de mis pensamientos, dejándome desnudo de certezas, arropado solo por el eco de tus palabras.

Te amo cuando miras sin mirar, cuando estás sin estar, cuando tus ojos se convierten en ventanas abiertas al vértigo de un mundo que no sé si habito o imagino. Tonta, tanto, te amo, cuando tu ausencia pesa como un reloj detenido, y el tiempo se disfraza de tu sombra para confundirme con recuerdos que no sé si fueron o inventé en mi delirio.

Es que te amo así, sin puntos ni comas, como un texto que se desborda de su propio margen, como un río que no sabe de cauces, pero encuentra en tu piel su mar. Tonta, tanto, te amo, que a veces no sé si existo en ti o si tú eres el delirio que me inventé para no estar solo.

Tonta, tanto, te amo, cuando el mundo me grita que despierte, y yo me aferro a tu nombre como un ancla, como un talismán contra la cordura. Porque en ti, todo tiene el caos perfecto de los sueños que uno nunca quiere dejar atrás.
 
Cómo consolar a mi niña enojada

Cuando tu enojo asoma, niña mía,
el mundo parece detener su paso,
como si la brisa temiera herir tu cabello
y el sol se escondiera tras el pudor de las nubes.

No peleo con tu tormenta, no la niego.
Dejo que habite el espacio,
que ruja, que arda si es preciso,
porque hasta el fuego más intenso
se extingue con un toque de agua serena.

Me acerco despacio,
con palabras tejidas en hilo de seda,
con el murmullo que sabe escuchar
más allá del ruido de las emociones.

“No estás sola”, susurro,
y en mi voz viaja un río de calma
que se desliza hasta la orilla de tus oídos.

Te tiendo mis manos,
cálidas como el sol de un invierno amable,
y espero, como quien riega una flor marchita,
a que la ternura venza al dolor.

No fuerzo tu risa, no invento atajos,
pero traigo a tu pecho la caricia del tiempo,
que cura, que sana, que aligera las cargas.

Cuando tu enojo se rinde,
cuando la noche pierde su filo,
te encuentro de nuevo,
mi niña, mi amante, mi todo.
Y en el silencio que queda,
te devuelvo el mundo,
suave, brillante, y hecho de amor.
 

Y llegas vos

Rugen las nubes
mastican y murmuran
las palabras haciendo
bailar la pluma con furia

el veneno corre
alterando los sentidos
tejiendo nudos
desatando un diluvio

el fénix agoniza y grita
se vuelve ceniza y muere

entonces llegas vos
disolviendo los azules
pintando un arcoíris

y renazco
con una sonrisa tonta
encendiendo mis ojos

la laguna es un brillo
de esmeraldas perfumadas

las abejas
giran coqueteando alborotadas

un colibrí me observa
suspendido
en una tela de araña
imaginaria

y ya no sé
si es verano
o primavera

tus alas son mias
y mi cielo vos
 
Última edición:
La Luna salió de puntillas esa mañana de domingo, como quien teme despertar los recuerdos que duermen en el alma de los árboles. No quiso despedirse del cielo, porque a veces el adiós pesa más que el silencio. Se envolvió en su chal de luz tenue y descendió despacio, hasta tocar la hierba húmeda de rocío. Allí la esperaba la Princesa, descalza, con un vestido blanco que le quedaba como un poema incompleto.

No hablaban. Caminaron juntas, dejando que las palabras se murieran antes de nacer, porque la nostalgia no necesita explicarse. La Luna miraba hacia adelante, como si en el horizonte pudiera encontrar algo que la hiciera quedarse, y la Princesa, detrás, recogía las migajas de su resplandor, como quien guarda memorias ajenas para llenar sus propios vacíos.

El domingo tenía el aroma de las cosas rotas: café tibio, un beso que no llegó, el aire cargado de esos silencios que queman. Todo parecía temblar con la ausencia de alguien que no estaba, como si la falta de la amada hubiera dejado un hueco en el día, en el viento, en las entrañas del tiempo.

"Te extraño como se extrañan las manos cuando se cruzan los brazos", pensó la Princesa, pero no lo dijo. Y la Luna, que siempre ha sabido leer corazones, se detuvo un momento para mirarla de reojo, como quien se asoma a una ventana que nunca podrá abrir.

El camino estaba lleno de espejos rotos, charcos que reflejaban lo que nunca ocurrió. Cada paso era una herida nueva en la tierra, un susurro que decía el nombre de quien no estaba, de quien nunca estaría.

"¿Por qué te fuiste?", quiso preguntar la Princesa, pero el nudo en la garganta se lo impidió. Y la Luna, altiva, fingió no escuchar. Así es la nostalgia: se alimenta de preguntas sin respuesta, de las ausencias que duelen más porque nunca se llenan.

Cuando llegaron al final del sendero, la Luna volvió al cielo, y la Princesa se quedó abajo, pequeña, rota, mirando cómo el domingo se hacía noche. Todo lo que quedaba era la memoria de ese paseo, la certeza de que la amada seguía viva en algún rincón del universo, aunque nunca volvería.

Y mientras la Luna se elevaba, llevando en su luz la tristeza de todas las princesas del mundo, la Princesa cerró los ojos y murmuró:
“Te amo aunque me faltes. Te amo aunque me duelas. Te amo como se ama el eco de un adiós”.
 
Te desapareces en domingo, cuando estás con otro.
Se disuelven las horas como cubos de hielo en vasos ajenos,
y el día deja de ser día, se deslíe en una sustancia
que no entiende de minutos ni de excusas.

Es entonces que el reloj se burla de mí,
marcando tiempos que no ocurren,
golpeando un tambor invisible que resuena en los huesos.
Te imagino detrás de persianas ajenas,
una sombra que se mezcla con el eco de tu risa.

El mundo sigue girando,
pero gira de lado, como si tambaleara.
¿Será que en ese otro rincón te reinventas,
que el domingo te presta un disfraz
y tú decides ser de otro barro?

Yo miro el vacío del sillón,
el café enfriándose como testigo inútil,
y pienso que quizá, en el fondo,
no es el domingo el que te esconde,
sino tú el que lo inventa
para poder desaparecer.
 
Hola holaaa cafeteros

Mis domingos


Los domingos son mios.
Hay domingos descoloridos
tristes y aburridos,
llenos de silencio y soledad,
otros color naranja para disfrutar del sol y la playa,
el río y bosque
o el viento y la montaña;
hay algunos, azules, empapados de nostalgia
y lágrimas,
también hay otros color arcoíris,
una fiesta de risas,
bailes y canciones,
coros de angelitos
correteando por la casa,
domingos de pereza
haciendo un ovillito en la cama
cuando hace frio o despatarrado
cuando hace calor,
otros domingos de enamorados,
de abrazos y besos,
de travesuras nuevas
de amor desbordado.
Domingos de algunos santos
que van a misa
y otros diablitos que nos quedamos leyendo poesías con alma como yo.
Todos son míos.:p;):D

 
Última edición:
No hay domingos compartidos,
ni medias palabras al despertar.
Tampoco el café tiene el calor
de tus manos,
ni la tarde la suavidad de tu risa.

Te ignora.
Te ignora con la indiferencia de quien sabe
que el amor no se pide,
que la piel no se ruega.
Te ignora con la elegancia cruel
de la mujer que aprendió a vivir
sin necesitarte.

Y tú,
deshojas la melancolía como un calendario viejo.
Llenas el aire con palabras que nunca dirás,
que mueren en tu boca
como un poema sin versos.

Ella no mira,
no busca.
Es el silencio hecho cuerpo,
el eco mudo de todas las veces
que te quedaste esperando.

Pero tú sigues,
como un domingo sin dueño,
como un reloj que insiste en marcar
las horas que ella nunca vendrá a vivir contigo.
 
Entonces los lunes son míos

Los lunes son míos porque nadie los quiere.
Porque amanece con la pereza de un gato malhumorado,
porque las esquinas huelen a desvelo
y los semáforos parecen bostezar de puro hastío.

Pero son míos,
míos en ese modo absurdo de apropiarse de lo que no tiene dueño.
Como si pudiera quedarme con el aire frío de la mañana,
con la pausa antes del primer sorbo de café,
con la mirada perdida de los otros.
Son míos porque en los lunes nadie repara,
y ahí está el secreto:
habitan fuera del tiempo,
en un pliegue entre el sueño y la resignación.

El lunes es el único día que no te nombra,
que no arrastra tu sombra por los corredores de mi memoria.
Por eso lo reclamo, lo sostengo,
como un billete arrugado en el bolsillo
que todavía sirve para un viaje pequeño,
una huida hacia dentro.

En los lunes no hay cartas tuyas ni promesas rotas.
No hay rastros de tu perfume en el aire,
ni la tentación de buscarte en los espejos.
El lunes es el día en que te deshago,
te convierto en humo, en ficción,
en ese “qué más da” que nunca llega.

Y mientras el mundo bosteza,
yo reinvento la mañana.
Le digo al reloj que no me persiga,
que me deje ser, aunque sea solo este día, dueño del caos amable de no pensarte.
 
Entonces los lunes son míos

Los lunes son míos porque nadie los quiere.
Porque amanece con la pereza de un gato malhumorado,
porque las esquinas huelen a desvelo
y los semáforos parecen bostezar de puro hastío.

Pero son míos,
míos en ese modo absurdo de apropiarse de lo que no tiene dueño.
Como si pudiera quedarme con el aire frío de la mañana,
con la pausa antes del primer sorbo de café,
con la mirada perdida de los otros.
Son míos porque en los lunes nadie repara,
y ahí está el secreto:
habitan fuera del tiempo,
en un pliegue entre el sueño y la resignación.

El lunes es el único día que no te nombra,
que no arrastra tu sombra por los corredores de mi memoria.
Por eso lo reclamo, lo sostengo,
como un billete arrugado en el bolsillo
que todavía sirve para un viaje pequeño,
una huida hacia dentro.

En los lunes no hay cartas tuyas ni promesas rotas.
No hay rastros de tu perfume en el aire,
ni la tentación de buscarte en los espejos.
El lunes es el día en que te deshago,
te convierto en humo, en ficción,
en ese “qué más da” que nunca llega.

Y mientras el mundo bosteza,
yo reinvento la mañana.
Le digo al reloj que no me persiga,
que me deje ser, aunque sea solo este día, dueño del caos amable de no pensarte.

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ok los lunes son suyos Don Gato :D
 

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En mi Santiago casi no llueve pero cuando llueve...llueven gatos y perros, rayos y centellas
ah pero me olvidaba, antes llueve tierra :D

Tormenta

Dónde está la tormenta?
Llueve afuera?
Llueve adentro?
Llueve, bien fuerte.
Mentiras y tretas
caen en la orilla.
Tengo un hermoso caos,
dentro de mi laguna azul.
Bailo bajo los rayos
pero en el centro,
en lo profundo,
sólo hay paz.
Gira,
gira la luna,
danza teñida de pasión.
Y la tormenta?
es un mar de arañas
dulces y crocantes
por devorar.

o será algún gatito que maulla porque como los domingos son mios me quiere robar los lunes:D
 
Este gato no roba días,
roba noches de desvelo,
se cuela entre sombras y suspiros
con un sigilo que sabe a misterio.

No busca joyas ni riquezas,
ni corazones rotos por descuido,
se conforma con robarte el aliento,
con un beso furtivo, perdido.

Víctima de un crimen anunciado,
tu boca es el delito en mi condena,
y aunque me acuses de ser descarado,
seré culpable con toda pena.

Déjame ser el ladrón de tus labios,
saquear el rocío de tu risa,
huir al amparo de la luna
con el botín de tu caricia.

No me niegues esta herejía,
que Sabines cantó en su exilio,
robarte besos no es un pecado,
es rendirme al dulce delirio.
 
Sigo los garabatos de la lluvia,
descalza entro en tus lunes.

Soy un desastre,
que recorre tu alma,
bates tus alas
como mariposa inquieta
a mi alrededor.

Eres el sol hiriendo
mis nubes grises.

Eres la espuma
que acaricia
mis cicatrices.

Cómo no amarte?

Si atados en racimos
el viento me trae
tus besos

Tus letras
se abrazan
con las mias

Y se duermen
entre suspiros
tejiendo poesías
 
Déjame ser brisa sobre tu marea,
un eco que recorre tus orillas,
un río que avanza sin perturbar
el secreto que guardan tus latidos.

No hay prisa en este vaivén callado,
ni ruidos que interrumpan la penumbra,
solo el roce tenue de la lluvia,
dibujando caminos sobre tu calma.

Mojémonos sin más que el silencio,
que el agua descubra su propio destino,
y en el murmullo suave de tus pieles,
encontrar refugio en cada suspiro.

Así, sin romper la quietud del mundo,
dejemos que el deseo sea solo un susurro,
un viaje lento que no busca final,
sino el placer de perderse en el agua
 
En la eternidad del silencio
soy la vida que pasa

estás en mí
aunque no estés

te siento
habitas mis poros
mis pensamientos

En mi soledad
la compañía
del otro lado del espejo

Me habitas los instantes y el alma
mis gritos mudos y mis susurros
mis letras y mis gestos

Eres el vértigo que me alimenta
la adrenalina que me impulsa

Subo descalza sin miedos
Tu amor es mi meta.
 
Última edición:
Nos mojamos en lunes, amor, como si el cielo hubiera abierto sus manos solo para nosotros. La noche, líquida y generosa, nos envolvió en su abrazo interminable, dejando caer su aliento en nuestra piel, enredando su humedad en nuestros cuerpos, como si no existiera más mundo que este rincón empapado donde las palabras sobraban.

Te busqué entre las sombras y el sonido de la lluvia, y te encontré como quien encuentra un río: cálido, vivo, imparable. Nos mojamos, no solo con el agua que caía del cielo, sino con el roce de nuestras bocas, con el deseo que desbordaba las horas, inundando cada rincón de la noche.

Amanecimos mojados en martes, amor, con la memoria de la lluvia aún dibujada en nuestros cuerpos. Las sábanas eran un mapa de nuestras mareas, un testigo silente de los torrentes que compartimos. Afuera, el mundo seguía indiferente, pero dentro de nosotros, el agua seguía fluyendo, como un secreto que no se puede secar.

El martes nos encontró así, mojados de todo lo que fuimos en lunes. Y yo, todavía perdido en el sabor de tu lluvia, deseé que la semana nunca acabara, que el tiempo nos concediera más noches como esta, más amaneceres con la piel húmeda y el alma llena.
 
Un beso en la boca es el comienzo de un verso,
pero tu cuerpo entero es un poema.
Escrito con caricias en el silencio,
con metáforas de piel y latidos que queman.

No es solo el roce breve y preciso,
es el lenguaje que trasciende palabras,
un alfabeto de suspiros indecisos,
una oda que en tu figura se abraza.

Como Neruda, declaro sin prisa:
en tus curvas nace la poesía,
y en el leve roce de cada caricia,
mi alma escribe su melodía.
 
Porque finges que no lo quieres, y sin embargo ahí estás, desarmando el aire con esa mirada que dice todo lo que tus labios callan. Te mueves como quien no sabe que deja un rastro, pero cada paso tuyo lleva el eco de un deseo que se esconde. Finges tan bien que casi me convences, pero hay un temblor en tus manos, un destello en tus ojos que traiciona el juego.

¿Por qué juegas a la distancia cuando tu piel pide cercanía? Hay un lenguaje que inventamos sin querer, uno que habita en los silencios, en la cadencia de las pausas. No hace falta decirlo, lo sé. Está en el roce que no llega, en las palabras que mueren en la punta de la lengua.

Finges que no lo quieres, pero es un fuego que no se apaga, un incendio mudo que arde entre nosotros. Y yo, que también sé de máscaras, espero. Porque lo que finges ahora, tarde o temprano, se convertirá en verdad.
 
93609605572

Ven, tómame, soy toda tuya,
mi piel anhela tus caricias,
mi boca tus besos,
mi cuerpo palpita,
al son de tus deseos,
mi vientre late de ansiedad,
esperando tu pasión.



Ven, tómame, soy toda tuya,
mis caderas suspiran deseándote,
mis manos ansían tu calor
mi corazón se acelera con tu cercanía.



Ven, llenemos de placer.
Hagamos explotar las galaxias,
que nuestras ganas se junten,
que nuestras almas se fundan,
y nuestros corazones unidos
en un solo cuerpo
transformen en humo
a todo el universo.

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Orgasmo de letras somos tú y yo,
versos que se encuentran en el aire,
palabras que tiemblan al rozarse,
metáforas que arden entre tus manos y las mías.

Somos un poema que respira,
una estrofa escrita con caricias,
la rima oculta en tus suspiros
y el eco que despierta en mi pecho.

Tu piel es el papel donde escribo
el deseo que crece entre líneas,
y mis labios, la tinta que se desliza
en el territorio íntimo de tu cuerpo.

En cada punto, en cada pausa,
el verso se despliega y nos consume.
Somos poesía que estalla en silencio,
un clímax de palabras que se abrazan, y en ese instante, nos hacemos eternos.
 
Mi lengua escribe un poema en tu cuerpo, un verso que no necesita tinta, solo el tacto y la urgencia de descifrarte. Empiezo en el abecedario de tu cuello, donde cada curva es una palabra nueva, una frase que se desliza sin pedir permiso.

Tu piel es un mapa, pero no busco rutas ni destinos. Me pierdo a propósito en los caminos que inventamos, en los márgenes suaves donde el tiempo se detiene. Cada caricia es una pausa, cada susurro un paréntesis que abre más el deseo.

Escribir en ti es un acto de rebeldía, como si las reglas del lenguaje no alcanzaran para contenernos. En la curva de tu espalda dejo metáforas, en tus labios, puntos suspensivos que prometen más. Somos un poema inacabado, un texto que arde, que respira, que se escribe a sí mismo en la cadencia de nuestros cuerpos.
 

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