
Imagen de mi autoría.
Nos atrapó el deseo
a la luz del ocaso, compañero,
entre luces y sombras.
¿Fue acaso un rumor de olas?,
¿del viento el torbellino?
¿o la maldita fuerza del destino
lo que cambió mi suerte?
Quizás no quise ver que el amor duele;
cuando el verso es mentira,
la huella del poeta es una herida
y una palabra errante
te podría matar en un instante.
Gritó tu voz hiriente
y cerro mi ventana para siempre.
Ya no hubo marcha atrás en ese duelo.
Con el paso del tiempo,
descubres en la celda del silencio
que todo lo redime,
que no olvidas los besos que no diste,
ni los labios ausentes que anhelabas.
No hay gloria en un adiós que se desangra.
Fuiste en mi aprendizaje,
la guía poderosa de mi viaje,
la esencia de mis versos.
Ceniza incandescente de lo eterno.
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