Diría de un modo poético que mi corazón sangra y mi conciencia se revela ante el contraste entre la miseria y la opulencia. Mis nervios se desatan y mi cerebro se subleva ante la opresión y el dolor que sufren los hombres y las mujeres en todos los países del mundo donde por millones agonizan víctimas de un sistema injusto. Mi sensibilidad se estreme y todo mi ser se llena de indignación, e incluso odio, al pensar en las salvajadas, en las atrocidades que, con la sangre de los combatientes, empapan los campos de batalla para el enriquecimiento de los que tod@s sabemos

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Los rencorosos son los ricos que cierran los ojos al campo de la indigencia que los rodea y del cual son causa directa, ellos son los gobernantes que decretan las guerras y las matanzas a sangre fría, son execrables aprovechados que amasan fortunas con sangre y lodo, tienen a la policía como perros guardianes de sus actos que hunden sus colmillos en la carne de los pobres, son los magistrados que sin pestañear matan en nombre de la ley y de las normas sociales a los infortunados sabiendo que son víctimas de la ley y de esta sociedad.
En cuanto a la acusación de la violencia con la que pretende aplastarnos basta para hacer justicia abrir los ojos y comprobar en que el mundo actual, como en los siglos pasados, la violencia gobierna, domina, tritura y asesina; es la regla y está hipócritamente organizada y sistematizada, esto se confirma todos los días bajo formas y apariencias de recaudador, de militar o de todo tipo de verdugos (encubiertos o no) y, así, bajo múltiples formas la violencia gobierna bajo la fuerza de la brutalidad.
El poeta es un pájaro que necesita espacios libres para su vuelo y sin estos espacios muerte es su nombre porque visto lo visto vivimos en una sociedad que mata la poesía de un modo abobinable mediante instrucciones de consumo y lavado de tarro

con la crueldad y los intereses que han campado a sus anchas en los anales de la historia.
"El llanto que por valles y balcones se vierte,
en las piedras diluvia y en las piedras trabaja
y no hay espacio para tanta muerte
y no hay madera para tanta caja".
Miguel Hernández. Vientos del pueblo.
La próxima acabamos en el hospital

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