Maroc
Alberto
En la tele dicen que el tiempo
de los cuchillos ha terminado
pero me asomo a la ventana
y no puedo ver futuro;
crea un país donde podamos caminar,
besarnos en las esquinas
prendidos en alcohol y gasolina púrpura.
He oído el brillo de una escalera
hecha con lo que fueron
los esqueletos de Jan Yunis;
cumplieron el destino
que la evolución les dejó,
ser peldaños para la suela
de unas botazas con suela de goma.
Darwin y Nietzsche me dan la razón.
Sobre una tumba vulgar
descansa la brisa que sutura los abetos,
de allí vienen los condenados
y los vencidos mientras
gritan su pena muda,
quizá nacieron en un hospital
de una mujer y otra mujer
porque su padre estaba con un Kalashnikov
en las manos metido entre
las ruinas de un cuarto de baño
donde jamás hubo un piano,
ni miel, ni colchones de muelles apacibles.
Son rajas,
cortes en la piel con un sabor rojo;
como queriendo dibujar,
buscando una imagen
que remonte por los años
el camino de la vida sin sentido.
No es una de sensiblería extraviada
en la tormenta del momento,
es una realidad con niños
aplastados bajo los escombros
que subleva la naturaleza
del hombre inconformista.
Sus pies,
sus ojos,
sus manos o su voz
morirán para muchos
pero no para nosotros
y, cualquier noche, aparecen sin hablar
rodeados del aura del asesino;
el constructor en los corazones
de la cultura del odio.
Os defiendo con balas de pasión
y con los rescoldos de fuego
que nos dejaron un día
los que dieron su vida por la libertad
mientras los honestos ven sufrir
hambre y muerte
bajo la artillería israelí
empachada con sangre
de las venas escondidas
tras una impotencia oscura,
sangrarán los edificios por el camino
como pinceladas de un futuro
olvidado pese a luchar sin miedo
por un ideal imposible,
se esconderá la música,
aparecerán las acciones abrazadas
a la fiebre que produce un grito
por la libertad robada
que ha salido a mostrarse.
No tendremos ni comida ni agua
gratuita para lavar el corazón
de los asesinatos cometidos
en el presente y en el pasado.
Sería maravilloso que los humanos
pidieran volar sin trampas
ante la llegada de un mundo
nuevo donde condenar
por crímenes de guerra
a genocidas que odian al pueblo palestino;
Netanyahu, los sionistas armados
y los EEUU.
Actualmente los medios de comunicación
maquillan el mundo,
los políticos occidentales se curan en salud
pero la verdad es que cavan hoyos
oscuros para los inocentes,
los inconformistas,
los luchadores,
los habitantes del planeta y, mientras,
tejeré poemas.
¿Por qué mataría?; por amor.
de los cuchillos ha terminado
pero me asomo a la ventana
y no puedo ver futuro;
crea un país donde podamos caminar,
besarnos en las esquinas
prendidos en alcohol y gasolina púrpura.
He oído el brillo de una escalera
hecha con lo que fueron
los esqueletos de Jan Yunis;
cumplieron el destino
que la evolución les dejó,
ser peldaños para la suela
de unas botazas con suela de goma.
Darwin y Nietzsche me dan la razón.
Sobre una tumba vulgar
descansa la brisa que sutura los abetos,
de allí vienen los condenados
y los vencidos mientras
gritan su pena muda,
quizá nacieron en un hospital
de una mujer y otra mujer
porque su padre estaba con un Kalashnikov
en las manos metido entre
las ruinas de un cuarto de baño
donde jamás hubo un piano,
ni miel, ni colchones de muelles apacibles.
Son rajas,
cortes en la piel con un sabor rojo;
como queriendo dibujar,
buscando una imagen
que remonte por los años
el camino de la vida sin sentido.
No es una de sensiblería extraviada
en la tormenta del momento,
es una realidad con niños
aplastados bajo los escombros
que subleva la naturaleza
del hombre inconformista.
Sus pies,
sus ojos,
sus manos o su voz
morirán para muchos
pero no para nosotros
y, cualquier noche, aparecen sin hablar
rodeados del aura del asesino;
el constructor en los corazones
de la cultura del odio.
Os defiendo con balas de pasión
y con los rescoldos de fuego
que nos dejaron un día
los que dieron su vida por la libertad
mientras los honestos ven sufrir
hambre y muerte
bajo la artillería israelí
empachada con sangre
de las venas escondidas
tras una impotencia oscura,
sangrarán los edificios por el camino
como pinceladas de un futuro
olvidado pese a luchar sin miedo
por un ideal imposible,
se esconderá la música,
aparecerán las acciones abrazadas
a la fiebre que produce un grito
por la libertad robada
que ha salido a mostrarse.
No tendremos ni comida ni agua
gratuita para lavar el corazón
de los asesinatos cometidos
en el presente y en el pasado.
Sería maravilloso que los humanos
pidieran volar sin trampas
ante la llegada de un mundo
nuevo donde condenar
por crímenes de guerra
a genocidas que odian al pueblo palestino;
Netanyahu, los sionistas armados
y los EEUU.
Actualmente los medios de comunicación
maquillan el mundo,
los políticos occidentales se curan en salud
pero la verdad es que cavan hoyos
oscuros para los inocentes,
los inconformistas,
los luchadores,
los habitantes del planeta y, mientras,
tejeré poemas.
¿Por qué mataría?; por amor.
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