Llueve, llueve,
sigilosa en la alborada.
En el campo,
los árboles son estatuas
que se yerguen en silencio
al raso de nubes blancas.
Débil, triste
parece caer el agua
abriendo y cerrando su
largo abanico de plata.
Y la lluvia
hace llorar a las almas
y en el cielo,
parece correr la blanca
luna hacia nubes finales,
en un chopo el mirlo canta.
sigilosa en la alborada.
En el campo,
los árboles son estatuas
que se yerguen en silencio
al raso de nubes blancas.
Débil, triste
parece caer el agua
abriendo y cerrando su
largo abanico de plata.
Y la lluvia
hace llorar a las almas
y en el cielo,
parece correr la blanca
luna hacia nubes finales,
en un chopo el mirlo canta.