Yo no te olvido, mar, aunque de lejos,
escucho tu rumor, oigo tu queja.
Un hechizo me atrapa y no me deja
ver en tus claras aguas mis reflejos.
Es este espeso bosque una prisión,
con senderos ocultos en la sombra,
y un manto de hojarasca, vieja alfombra
que oculta el claro rumbo a la razón.
No se salir de aquí, ¡maldito encanto!
Tiene este bosque cierta lobreguez.
Árboles que no asumen su vejez,
urden la sombra espesa de mi llanto
Mi alma aún guarda el pulso de tu azar
Y, volveré a tus aguas, mar, mi mar.