dragon_ecu
Esporádico permanente
Entre inhalaciones de vapers
las palabras se enredan y confunden.
"Hay que defender la revolución"...
sonaba en una esquina,
mientras las manos hurgaban bolsillos
para encontrar alguna moneda,
aunque lo normal,
era usar la visa plástica...
esa de color verde Lincoln.
Mientras las miradas se entrecruzaban
a ver quien pagaba la cuenta del starducks.
De pronto...
se escurrió como un chillido...
"El pueblo, necesita ser liberado" —
pero el ratón aquel
nunca ha trabajado un día en su vida.
Vive del dinero de papá
y su Che Guevara en la pared
fue impreso en China.
La mesera los mira
adivinando quién pagará la cuenta.
... tres trabajos,
cuatro hijos que alimentar,
manos curtidas por la lejía,
"soltera"... suena mejor
que "abandonada"
No tiene tiempo para teorías bonitas
ni cafés de seis dólares
con planes para salvar
el culo de las gallinas ponedoras.
Como si eso fuera
la salvación del mundo.
El cutre pide una ronda
de mac-chiattos
mientras levanta
una tarjeta de crédito,
como diciendo...
"tranquila que ahora si vamos a pagar...
y no fingiremos
que entraron unos jodíos
para salir quejándonos del sitio...
y no pagar".
En la puerta
los dos mozos más fornidos del local,
se relajan
y vuelven al trastero
a lavar los platos.
Estos piojobonitos
hablan de desigualdad
desde sus ay-fone dieciocho,
"Bueno acordamos entonces
la marcha de protesta
para el lunes" —
"No" — dice el "líder"
detrás de una gafas oscuras
que ocultan su rostro de mapache
tras estar treinta y seis horas seguidas
en el marathón
del juego del calamar
o algún videogeim.
"No" — repite. "Haremos la protesta el martes".
Sin advertir a nadie
que tiene clase de yoga los lunes.
Afuera llueve sobre la gente común
aquella que camina a trabajos que odian
para pagar rentas que no pueden permitirse
mientras su casa verdadera
la tiene una familia okupa
con su sexto hijo en camino.
Pero ya alguien encontró la solución perfecta:
votar cada cuatro años y tuitear indignación
entre reuniones del club de lectura
donde nadie ha leído ni una página.
Por lo menos así seguro revive
la mujer cuyo acosador
pudo llegar hasta ella
llevando una pulsera alibabá.
Cualquier distracción es buena
y mejor si es lejana
para no ver la realidad propia
escuchando propaganda ajena.
"La consigna es que
se sientan responsables... no...
que se sientan culpables
de Laza y de Absurdistán" —
"Si eso...
y que no metan sus narices
en nuestros chiringuitos" —
"¿Te enteraste?...
nuestros hermanos de Laza
fueron derrotados
y están pactando por la paz —
"¿Confirmaste eso? —
"Si, se rindieron
del todo...
¿Qué hacemos? —
"Diremos entonces
que eran
de la derecha extrema" —
Pero el minutero avanza
y empieza el hambre.
La revolución esperará seguro...
hasta después del brunch.
las palabras se enredan y confunden.
"Hay que defender la revolución"...
sonaba en una esquina,
mientras las manos hurgaban bolsillos
para encontrar alguna moneda,
aunque lo normal,
era usar la visa plástica...
esa de color verde Lincoln.
Mientras las miradas se entrecruzaban
a ver quien pagaba la cuenta del starducks.
De pronto...
se escurrió como un chillido...
"El pueblo, necesita ser liberado" —
pero el ratón aquel
nunca ha trabajado un día en su vida.
Vive del dinero de papá
y su Che Guevara en la pared
fue impreso en China.
La mesera los mira
adivinando quién pagará la cuenta.
... tres trabajos,
cuatro hijos que alimentar,
manos curtidas por la lejía,
"soltera"... suena mejor
que "abandonada"
No tiene tiempo para teorías bonitas
ni cafés de seis dólares
con planes para salvar
el culo de las gallinas ponedoras.
Como si eso fuera
la salvación del mundo.
El cutre pide una ronda
de mac-chiattos
mientras levanta
una tarjeta de crédito,
como diciendo...
"tranquila que ahora si vamos a pagar...
y no fingiremos
que entraron unos jodíos
para salir quejándonos del sitio...
y no pagar".
En la puerta
los dos mozos más fornidos del local,
se relajan
y vuelven al trastero
a lavar los platos.
Estos piojobonitos
hablan de desigualdad
desde sus ay-fone dieciocho,
"Bueno acordamos entonces
la marcha de protesta
para el lunes" —
"No" — dice el "líder"
detrás de una gafas oscuras
que ocultan su rostro de mapache
tras estar treinta y seis horas seguidas
en el marathón
del juego del calamar
o algún videogeim.
"No" — repite. "Haremos la protesta el martes".
Sin advertir a nadie
que tiene clase de yoga los lunes.
Afuera llueve sobre la gente común
aquella que camina a trabajos que odian
para pagar rentas que no pueden permitirse
mientras su casa verdadera
la tiene una familia okupa
con su sexto hijo en camino.
Pero ya alguien encontró la solución perfecta:
votar cada cuatro años y tuitear indignación
entre reuniones del club de lectura
donde nadie ha leído ni una página.
Por lo menos así seguro revive
la mujer cuyo acosador
pudo llegar hasta ella
llevando una pulsera alibabá.
Cualquier distracción es buena
y mejor si es lejana
para no ver la realidad propia
escuchando propaganda ajena.
"La consigna es que
se sientan responsables... no...
que se sientan culpables
de Laza y de Absurdistán" —
"Si eso...
y que no metan sus narices
en nuestros chiringuitos" —
"¿Te enteraste?...
nuestros hermanos de Laza
fueron derrotados
y están pactando por la paz —
"¿Confirmaste eso? —
"Si, se rindieron
del todo...
¿Qué hacemos? —
"Diremos entonces
que eran
de la derecha extrema" —
Pero el minutero avanza
y empieza el hambre.
La revolución esperará seguro...
hasta después del brunch.
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