Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Nosotros, el tornillo de la tijera que corta al rayo,
esquilamos el miedo de la tormenta,
tan oscuros por sabernos túnel conectado,
corriente luminífera a punto de pestañear un estallido.
Nosotros, la noche, con el olfato encendido de papilas,
nos iluminamos a tientas la nata del fermento,
manzana que recorre una verde trayectoria
hasta probar con labios lentos su dulzura efervescente
y borracha hasta las doce de ayer nunca.
Nosotros, rebosantes y derramados,
pasamos de lo vacío a lo lleno, de la sombra al trance,
andamos por las ramas de nuestros dedos sumergidos,
con tanto cauce y tanta causa, arbolados, desmadrados,
nos bebemos el filo de las hojas cortadas
del ser mismo de la sed, tórtola de pulso, río de sangre,
nido y remanso: lo que fue nacer es siempre alumbrar.
Nosotros, tan insaciables de nosotros, indomesticables,
somos del aire y nos vestimos de lo que quiera el aire
que siempre nos quiere desvestidos más que desnudos,
porque amanece y nos vamos a hacernos horas,
atrapados en la milpa del tiempo, esperamos la siega,
tortillas de maíz remojadas en leche, espiga y rebaño,
un grupo de dos, agua y semilla hasta germinar en uno,
no dos, nodo, no no porque sí, el árbol y el arroyo.
Nosotros, nosotros hasta donde nos alcance alcanzarnos,
con nuestras palabras de amor y de urgencia, recorremos
las ondas del aire, la luz, el sonido y las cuerdas
para abrazarnos en todas direcciones, siempre al levante,
hasta un existir que nos supera,
hasta el no retorno donde el verbo no se hace carne,
ni viento, ni frio, ni residencia, ni molde de nada, sino
nosotros: el tornillo del rayo que corta a las tijeras.
esquilamos el miedo de la tormenta,
tan oscuros por sabernos túnel conectado,
corriente luminífera a punto de pestañear un estallido.
Nosotros, la noche, con el olfato encendido de papilas,
nos iluminamos a tientas la nata del fermento,
manzana que recorre una verde trayectoria
hasta probar con labios lentos su dulzura efervescente
y borracha hasta las doce de ayer nunca.
Nosotros, rebosantes y derramados,
pasamos de lo vacío a lo lleno, de la sombra al trance,
andamos por las ramas de nuestros dedos sumergidos,
con tanto cauce y tanta causa, arbolados, desmadrados,
nos bebemos el filo de las hojas cortadas
del ser mismo de la sed, tórtola de pulso, río de sangre,
nido y remanso: lo que fue nacer es siempre alumbrar.
Nosotros, tan insaciables de nosotros, indomesticables,
somos del aire y nos vestimos de lo que quiera el aire
que siempre nos quiere desvestidos más que desnudos,
porque amanece y nos vamos a hacernos horas,
atrapados en la milpa del tiempo, esperamos la siega,
tortillas de maíz remojadas en leche, espiga y rebaño,
un grupo de dos, agua y semilla hasta germinar en uno,
no dos, nodo, no no porque sí, el árbol y el arroyo.
Nosotros, nosotros hasta donde nos alcance alcanzarnos,
con nuestras palabras de amor y de urgencia, recorremos
las ondas del aire, la luz, el sonido y las cuerdas
para abrazarnos en todas direcciones, siempre al levante,
hasta un existir que nos supera,
hasta el no retorno donde el verbo no se hace carne,
ni viento, ni frio, ni residencia, ni molde de nada, sino
nosotros: el tornillo del rayo que corta a las tijeras.
23 de octubre de 2025
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