José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Incansable rugido de sal,
borde de milenaria piel adscrita a la ola,
una mole diluida y vieja
llega con su corazón de torbellino azul,
delgada hacha donde se consume
el fondo donde se siembra la quietud de la luz.
Allí en el filo mismo,
donde los sueños desordenan la carne
y la rosa establece el límite de la esquina,
los pétalos en su punto álgido,
sobre el mar que vuela peinado por los labios
avivan los fríos sudores de la rosa
en la luz de su propia sombra.
Remo sin descanso en la boca ancha del mar,
un esfuerzo de altos cielos guía al pájaro
hacia el fuego de la primavera
y mi sudor se mezcla con la valentía
en esta marcha hacia la liturgia de los bordes
de esta esquina sedienta.
Un propósito, una bolsa de aire que suspira,
en la caricia tenue de una montaña desdentada,
con la calma que precede al frío
el tiempo divaga en la íntima placidez
de los ojos colgados donde el follaje es sombra.