EL LABRADOR
Pendiente el labrador, que mira al cielo,
de la nube grisácea que pasa,
pensando en el sustento de su casa
hace el surco más recto y paralelo.
La tierra tierna abrigará su anhelo
y toda vigilancia será escasa,
y el corazón, de pronto, se le abrasa
al ver los brotes resurgir del suelo.
Ve crecer al plantío, como al hijo,
nacido de un sudor mudo y prolijo,
y agradece que estalle de colores.
Preparado y dispuesto a la cosecha,
con todo el alma henchida y satisfecha,
se olvida de los muchos sinsabores.
Salva González Moles
13/1/2026.
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