A Ana, esposa de mi hijo Andrés.
SU GESTO
En la paz delicada de tu entraña
su ser sano durmiendo está tranquilo,
y no puedo tener el alma en vilo
porque en ti tiene la mejor compaña.
Jamás podría ser persona extraña,
y el sueño se lo cuido en el sigilo;
si en tu cintura en flor es el pistilo
la pupila exultante me la empaña.
Van creciendo los dedos en su mano,
un milagro del Cielo tan humano
que doy gracias a Dios por todo esto.
Y se ve en su carita y sus dos ojos
el atisbo infantil de sus antojos
que parece pedirme con su gesto.
Del abuelo Salva González Moles.
15/1/2026
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