Al señor de las sombras

León_es

...no soy poeta, solo escribo...



Dígame usted, sentado en su silla de espejos,

donde el eco de su nombre es la única ley,

si entre el brillo del oro y los muros añejos,

¿sabe qué es la dignidad, o es sombra de un rey?


Usted, que reparte la injusticia con mano plena,

como quien siembra sal en la tierra del vecino,

¿no siente el peso muerto de tanta ajena pena,

o es que el poder le borró el rastro del camino?


Los cuatro jinetes de su trono son:

fanatismo de ciega venda que impone,
egolatría en su rostro cuarteado,
usura cobrando a la vida

injusticia su obra maestra


¿Qué busca, señor, en su torre de marfil y de olvido?

Reparte miseria y no obtiene resultado alguno,

pues no hay imperio, por más fuerte y erigido,

que aguante el suspiro de un pueblo de ayuno,


La historia no guarda el oro, guarda el gesto,

y el suyo, tirano, es un mapa de lodo y de arresto.

¿Sabe usted qué es ser hombre, o solo es un cargo?

Cuidado, que el brindis del odio siempre es amargo.


¡Aprenda, al fin, que su honor no es suyo ni de ninguno, ¿cree en su dios?!
 



Dígame usted, sentado en su silla de espejos,

donde el eco de su nombre es la única ley,

si entre el brillo del oro y los muros añejos,

¿sabe qué es la dignidad, o es sombra de un rey?


Usted, que reparte la injusticia con mano plena,

como quien siembra sal en la tierra del vecino,

¿no siente el peso muerto de tanta ajena pena,

o es que el poder le borró el rastro del camino?


Los cuatro jinetes de su trono son:

fanatismo de ciega venda que impone,
egolatría en su rostro cuarteado,
usura cobrando a la vida

injusticia su obra maestra


¿Qué busca, señor, en su torre de marfil y de olvido?

Reparte miseria y no obtiene resultado alguno,

pues no hay imperio, por más fuerte y erigido,

que aguante el suspiro de un pueblo de ayuno,


La historia no guarda el oro, guarda el gesto,

y el suyo, tirano, es un mapa de lodo y de arresto.

¿Sabe usted qué es ser hombre, o solo es un cargo?

Cuidado, que el brindis del odio siempre es amargo.


¡Aprenda, al fin, que su honor no es suyo ni de ninguno, ¿cree en su dios?!

Buen poema, casi paisano. Los tiranos solo quieren oro y poder. Son tan idiotas que no saben que nada nos llevamos de aquí. Y encima algunos creen en Dios y esperan entrar en el cielo ja, ja, ja...

Salud2
 

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