En las paredes colgando.

Ángelo Gamo

Poeta recién llegado
En la casa cuelgan tres sombreros:


El jockey azul, pequeño,
tiene un tren rojo estampado, cubierto
de polvo fino
y una visera torcida bordada en blanco,
oscura de sudor viejo.
Está colgado en paredes verdes,
empolvado,
entre un calendario nuevo
y retratos familiares.

El sombrero de mimbre
cuelga
sobre la pila de cuentas viejas
clavadas a la puerta.
El tejido percudido
refleja la luz fría y cruda de la ampolleta del comedor.
Su listón dorado
se mece
con corrientes de aire de puertas y ventanas.


El sombrero vaquero
pende en una pieza grande
de cortinas gruesas y cerradas.
Solo le llega el brillo tenue de las lámparas de velador,
junto a pijamas que fueron usados
y sábanas que huelen a guardado.
Las arañas han tejido las paredes blancas.

Los tres siguen colgados.
Los tres seguirán ahí.
 
En la casa cuelgan tres sombreros:


El jockey azul, pequeño,
tiene un tren rojo estampado, cubierto
de polvo fino
y una visera torcida bordada en blanco,
oscura de sudor viejo.
Está colgado en paredes verdes,
empolvado,
entre un calendario nuevo
y retratos familiares.

El sombrero de mimbre
cuelga
sobre la pila de cuentas viejas
clavadas a la puerta.
El tejido percudido
refleja la luz fría y cruda de la ampolleta del comedor.
Su listón dorado
se mece
con corrientes de aire de puertas y ventanas.


El sombrero vaquero
pende en una pieza grande
de cortinas gruesas y cerradas.
Solo le llega el brillo tenue de las lámparas de velador,
junto a pijamas que fueron usados
y sábanas que huelen a guardado.
Las arañas han tejido las paredes blancas.

Los tres siguen colgados.
Los tres seguirán ahí.
La persistencia de la memoria en medio de un entorno que, de otro modo, estaría estancado.

Saludos
 
En la casa cuelgan tres sombreros:


El jockey azul, pequeño,
tiene un tren rojo estampado, cubierto
de polvo fino
y una visera torcida bordada en blanco,
oscura de sudor viejo.
Está colgado en paredes verdes,
empolvado,
entre un calendario nuevo
y retratos familiares.

El sombrero de mimbre
cuelga
sobre la pila de cuentas viejas
clavadas a la puerta.
El tejido percudido
refleja la luz fría y cruda de la ampolleta del comedor.
Su listón dorado
se mece
con corrientes de aire de puertas y ventanas.


El sombrero vaquero
pende en una pieza grande
de cortinas gruesas y cerradas.
Solo le llega el brillo tenue de las lámparas de velador,
junto a pijamas que fueron usados
y sábanas que huelen a guardado.
Las arañas han tejido las paredes blancas.

Los tres siguen colgados.
Los tres seguirán ahí.
Tres sombreros diferentes, me da la impresión como tratándose de tres etapas diferentes del ser humano. Buen escrito, aparte, especial. Saludo cordial
 

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