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Las IA (inteligencias artificiales) y la poesía.

dragon_ecu

Esporádico permanente
Desde el inicio de las artes expresivas han surgido dos corrientes:
La diferenciación.​
Y la especialización.​

Aquí la poesía entra también en esas vertientes de crear sin reglas, o de crear a pesar de las reglas.

Lógicamente las obras que enfrentaban mayor grado de dificultad recibían una valoración mayor.

Pero aunque no suene lógico, si tiene algo de razón la postura de quienes valoran más la ausencia (o el pisoteo) de las reglas.
Libre albedrío de la creatividad dirían... aunque convenientemente olvidan que el albedrío conlleva responsabilidad. Empero ese detalle queda fuera de este artículo.

Retomando el esfuerzo necesario para crear obras bellas y apegadas a las reglas, surgió la necesidad de artificios que ayuden a los autores.

Todavía me parecer ver a poetas abriendo y cerrando los dedos de la mano para verificar un octosílabo. O golpeando el piso con los pies para llevar el ritmo acentual... Nada nuevo bajo el sol.

Con la llegada de la tecnología esos dedos y pies fueron reemplazados por cuadrículas y metrónomos. Luego plantillas de cálculo, hojas electrónicas y demás hasta nuestros días.

Pero la escasez de criterios, incluso la inexistencia de criterios, está provocando confusiones y mal uso de las actuales herramientas tecnológicas (analfabetismo tecnológico según algunos).

Así que aclaremos el sombrío y siniestro panorama de una puesta de sol oculta por... un error de interpretación.

La herramienta más básica es el reconocedor de rimas. Que busca entre versos las repeticiones de vocales a partir de la última vocal sonora fuerte (acentuada tenga o no tilde). Y tenemos las rimas asonantes.
Si además hay coincidencia fonética a partir de la última vocal acentuada... tenemos las rimas consonantes.
Pero a esta simplicidad se le debe agregar que en ciertas ocasiones se permite el reemplazo de ciertas vocales... lo que dejo a investigar al lector.

Luego hay los contadores de sílabas poéticas (que no son exactamente las mismas fonéticas ni escritas) con todas sus licencias incluidas.

Luego los identificadores de acentuaciones al interior del verso, o ritmo interior. (¿está correcto el término acentuación?).

Luego los contadores de versos y finalmente los contadores de estrofas.

Las mencionadas hasta ahora son catalogadas como básicas para identificar y valorar que tanto se ajusta una obra a un tipo específico (soneto, espinela, romance, etc.).

Aparte existen herramientas que examinan la redacción del contenido. Lo que hacen comparando trozos del texto original contra obras existentes en su base de datos.

No existen criterios de belleza o profundidad de una obra, por cuanto no existe una regla de valoración. Lo que para unos es bello para otros puede ser horripilante.

En su lugar las IA hacen lo único que saben hacer: contar y comparar.

Y aquí asoma el punto de mayor conflicto al analizar la poesía.

Mientras para la facción clásica la mayor precisión al ajuste con las reglas es un mérito, para la facción verso-librista ese ajuste es una des-naturalización artificial.

Entonces vale tener en cuenta esta diferencia de interpretación al usar las IA.

Así que las obras analizadas por IA pueden ser interpretadas como:
La obra es tan perfecta que es poco probable que fuera hecha por un humano.​
La obra es tan imperfecta que es poco probable que fuera hecha por una IA.​

Palabras más palabras menos, ya se han registrado casos como:
Que una IA declare el fragmento inicial de 100 años de soledad como autoría de IA (al 100%).​
Que obras ajustadas a reglas clásicas sean declaradas como autoría de IA.​
Que revisores humanos hayan atribuido erróneamente orígenes.​
Que textos originales sean declarados plagio (de si mismos).​
Y otras linduras por el estilo.

Conclusiones y sugerencias:

Las IA son herramientas de ayuda para desarrollar las capacidades creativas y de redacción.​
No tomar la IA como un juez, puesto que carecen de criterios y razonamiento.​
Una herramienta difícilmente dará un resultado más inteligente que su usuario.​
Ninguna herramienta, por muy inteligente que llegue a ser, podrá convertir instantáneamente a un torpe en un genio.​
 
Última edición:
Desde el inicio de las artes expresivas han surgido dos corrientes:
La diferenciación.
Y la especialización.

Aquí la poesía entra también en esas vertientes de crear sin reglas, o de crear a pesar de las reglas.

Lógicamente las obras que enfrentaban mayor grado de dificultad recibían una valoración mayor.

Pero, aunque no suene lógico si tiene algo de razón la postura de quienes valoran más la ausencia (o el pisoteo) de las reglas.
Libre albedrío de la creatividad dirían... aunque convenientemente olvidan que el albedrío conlleva responsabilidad. Empero ese detalle queda fuera de este artículo.

Retomando el esfuerzo necesario para crear obras bellas y apegadas a las reglas, surgió la necesidad de artificios que ayuden a los autores.

Todavía me parecer ver a poetas abriendo y cerrando los dedos de la mano para verificar un octosílabo. O golpeando el piso con los pies para llevar el ritmo acentual... Nada nuevo bajo el sol.

Con la llegada de la tecnología esos dedos y pies fueron reemplazados por cuadrículas y metrónomos. Luego plantillas de cálculo, hojas electrónicas y demás hasta nuestros días.

Pero la escasez de criterios, incluso la inexistencia de criterios, está provocando confusiones y mal uso de las actuales herramientas tecnológicas (analfabetismo tecnológico según algunos).

Así que aclaremos el sombrío y siniestro panorama de una puesta de sol oculta por... un error de interpretación.

La herramienta más básica es el reconocedor de rimas. Que busca entre versos las repeticiones de vocáles a partir de la última vocal sonora fuerte (acentuada tenga o no tilde). Y tenemos las rimas asonantes.
Si además hay coincidencia fonética a partir de la última vocal acentuada... tenemos las rimas consonantes.
Pero a esta simplicidad se le debe agregar que en ciertas ocasiones se permite el reemplazo de ciertas vocales... lo que dejo a investigar al lector.

Luego hay los contadores de sílabas poéticas (que no son exactamente las mismas fonéticas ni escritas) con todas sus licencias incluidas.

Luego los identificadores de acentuasiones al interior del verso, o ritmo interior. (¿está correcto el término acentuasión?).

Luego los contadores de versos y finalmente los contadores de estrofas.

Las mencionadas hasta ahora son catalogadas como básicas para identificar y valorar que tanto se ajusta una obra a un tipo específico (soneto, espinela, romance, etc.).

Aparte existen herramientas que examinan la redacción del contenido. Lo que hacen comparando trozos del texto original contra obras existentes en su base de datos.

No existen criterios de belleza o profundidad de una obra, por cuanto no existe una regla de valoración. Lo que para unos es bello para otros puede ser horripilante.

En su lugar las IA hacen lo único que saben hacer: contar y comparar.

Y aquí asoma el punto de mayor conflicto al analizar la poesía.

Mientras para la facción clásica la mayor precisión al ajuste con las reglas es un mérito, para la facción versolibrista ese ajuste es una desnaturalización artificial.

Así que vale tener en cuenta esta diferencia de interpretación al usar las IA.

Así que las obras analizadas pueden ser interpretadas como:
La obra es tan perfecta que es poco probable que fuera hecha por un humano.
La obra es tan imperfecta que es poco probable que fuera hecha por una IA.

Palabras más palabras menos, ya se han registrado casos como:
Que una IA declare el fragmento inicial de 100 años de soledad como autoría de IA (al 100%).
Que obras ajustadas a reglas clásicas sean declaradas como autoría de IA.
Que revisores humanos hayan atribuido erróneamente orígenes.
Que textos originales sean declarados plagios (de si mismos).
Y otras linduras por el estilo.

Conclusión y sugerencia:

Las IA son herramientas de ayuda para desarrollar las capacidades creativas y de redacción.

No tomar la IA como un juez, puesto que carecen de criterios y razonamiento.

Una herramienta difícilmente será más inteligente que su usuario.

Ninguna herramienta, por muy inteligente que llegue a ser, podrá convertir instantáneamente a un torpe en un genio.
Desde los orígenes de las artes, han coexistido dos tendencias, la diferenciación y la especialización, y la poesía también se sitúa entre la creación libre de normas y la el debido respeto de las reglas establecidas.
Aunque tradicionalmente se premiaba la dificultad y la fidelidad a la forma, hoy algunos defienden la ruptura de esas normas como expresión del libre albedrío creativo, sin reconocer la responsabilidad que ello implica.
Ante la exigencia de producir obras bellas y estructuradas, los autores han buscado artificios que faciliten el proceso.
Así lo creo.

Saludos
 

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